La tolerancia, un valor perdido que debemos rescatar.

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Recuerdo que Jjmar hace ya varios años escribió un artículo muy interesante sobre “La tolerancia, como valor importante de la democracia” que fue muy consultado y que generó muchas reacciones positivas.

Lamentablemente, aunque todos sabemos que tener una sociedad mas tolerante nos evitaría tanta violencia y agresión, pocos estamos dispuestos a practicar este valor fundamental, no solo de la democracia sino de la humanidad en general.

Vemos en los noticieros recientes, que dos hombres mayores se enfrascaron en una pelea que terminó en lesiones para ambos que se dio por un asiento de autobús, recordamos además el caso de otro señor mayor de edad que mató a un militar por un parqueo en su colonia de residencia y el de un sobrino de un  ex ministro de defensa salvadoreño que mató a dos hermanos por una riña similar en un restaurante, también tenemos  presente el caso de un sobrino de una ex primera dama de la republica que asesinó a golpes a un joven chef en un acto de extrema intolerancia y prepotencia.

Sin distinción de clase social todos son actos de intolerancia, producto de una cultura de violencia que califica a la tolerancia como debilidad, que enaltece al más fuerte, al más listo, al más pícaro, que educa a sus hijos en el concepto de que nunca deben ceder, que solo los mas agresivos sobreviven en este salvaje mundo.

Y el mensaje de que el mejor es el más “Animala(1)” se transmite de padres a hijos, en los medios de comunicación, en los espectáculos, en el entretenimiento, incluso en las iglesias, fomentando el odio entre las distintas congregaciones, los pastores públicamente se burlan de las otras denominaciones religiosas y las envilecen, presentando la propia como la auténtica verdad.

Así el mensaje llega alto y claro desde todas direcciones, el tolerante es débil, el débil no sobrevive, el intolerante es fuerte, el fuerte sobrevive y estos conceptos se vuelven parte del inconsciente colectivo de nuestra nación  .

Existen buenos argumentos en contra de estas líneas de pensamiento intolerante y casi todos los conocemos, aceptamos y nos gustan, pero nunca los practicamos, lo cual se aprecia en los actos mas sencillos, haciendo cola, manejando en un tráfico pesado, abordando un autobús, buscando entrar a un lugar abarrotado, etc.

En estas ocasiones hacemos un lado la tolerancia y nos comportamos con agresividad ante lo que consideramos una afrenta, que alguien quiera meterse en nuestra fila, que alguien nos esté obstaculizando y nos comportamos de manera agresiva, buscando meternos a la fuerza en una fila, saltándonos un paso en un proceso secuencial para “hacerlo más rápido”.

De hecho si usted me buen amigo solicita de buena manera algo, casi siempre se lo conceden como cederle el paso a su vehículo, ayudarle en el proceso, perdonarle alguna omisión, pero muchas veces no practicamos la urbanidad por no parecer débiles dado el esquema mental con que nos hemos criado.

Lo triste es que asumimos una actitud muy contradictoria, pues adoptamos una conducta servil y sumisa con quien sabemos que tiene el verdadero poder pero nos volvemos prepotentes con quienes serían nuestros iguales o subalternos, por eso vemos frecuentemente a los nuevos jefes sufriendo aquello de que “se le ha subido la mierda a la cabeza”, tratando mal a sus subalternos y estos realizando sus actividades a regañadientes pero cuando aparece el que verdaderamente tiene poder y simplemente “sugiere” algo,  todos salen corriendo prestos a obedecer y ejecutar sus deseos.

Al jefe recién llegado lo van probando hasta “donde aguanta” y esto se vuelve un ciclo, el jefe es prepotente, el subalterno díscolo y ambos intolerantes.

Paradójicamente cuando leemos en las noticias un incidente como los que resumimos al principio, nos lanzamos a comentar que la intolerancia es lo que nos tiene al borde del caos social, que es abominable cuanta intolerancia “tiene la otra gente” y más, pero jamás revisamos ni caemos en la cuenta de nuestro propio nivel de intolerancia.

¿Y usted que opina?


(1) Animala: Modismo, persona astuta, ladina, de pensar rápido y aprovechada que saca ventaja de las demás personas.

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4 comments for “La tolerancia, un valor perdido que debemos rescatar.

  1. Juan D.
    11/02/2013 at 1:11 pm

    No creo que la solución sea la tolerancia hacia otras opiniones, porque eso conlleva una dosis sentimientos contenidos, a la larga con finales explosivos; creo que con el entendimiento, consenso y aceptación, se lograría más.

    • Juan Carlos
      11/02/2013 at 1:29 pm

      Precisamente ese es el error, creer que tolerancia es dejar que el otro imponga su criterio y por eso considerarlo debilidad, en si la tolerancia es respetar la opinión del otro, pero no abandonar el debate, si no somos tolerantes buscamos imponer a la fuerza nuestra opinión, pero si lo somos las discutimos basados en la razón hasta llegar a un acuerdo o entendimiento o hasta cerrar la discusión sin acuerdos pero con mutuo respeto.
      Ser tolerantes no es permitir que nos impongan y pensar así es un error, ser tolerante es ser capaz de aceptar que los otros opinen diferente y buscar mediante el debate que cambien de opinión o que acepten un modo de pensar diferente.

      Saludos.

      • Juan D.
        11/02/2013 at 5:35 pm

        No estoy de acuerdo, porque hay cosas que no son tolerables para unos y para otros, hay emociones encontradas irreconciliables, por motivos de intereses principalmente. Para eso sirven los consensos y no necesariamente tienen que ser tolerantes.

  2. Raúl Fuentes
    12/02/2013 at 12:47 pm

    La tolerancia se vuelve tan difícil en un país y una cultura donde cada quien hace lo que le da la gana.

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