Sócrates, Jesucristo y su carácter desideologizador. Parte II

Si se fija el lector con mucho detenimiento y profundidad en lo planteado hasta ahora, Sócrates y Jesucristo que vivieron en épocas distintas, eran aparentemente distintos, ya que uno se movió en el campo de la filosofía y el otro en el campo de la teología, pero en su esencia, en su horizonte y en su misión, existió entre ellos mucha similitud, mucha comunidad.

Los dos desde su quehacer, uno filosófico y el otro teológico, se dedicaron mediante sus reflexiones y predicas a intentar desideologizar la realidad y contribuir a que toda la gente también aprendiera a desideologizar la realidad. Es decir, aprendieran a quitarse el velo que cubre sus ojos, a quitarse los tapones que obstruyen sus oídos, y que les impiden capturar la esencia de la realidad, que les impide distinguir entre la verdad y la mentira, entre lo que es justo y lo que es injusto. Pero primero para aprender a pasar o dar el salto de la apariencia a la esencia en ambos era básico comenzar conociéndose a sí mismo, para luego emprender el conocimiento de la realidad.

En Sócrates este carácter desideologizador se muestra en su insistente accionar cuestionador por medio de la ironía y la mayéutica, mediante los cuales enfrentó el carácter ideologizador de los enemigos de la verdad, de sus adversarios, de los sofistas, cuyo afán fue casi siempre convencer que lo que decían era verdadero, no les interesó la verdad como tal.

En Jesucristo, en el mesías, el carácter desideologizador se muestra desde sus enseñanzas mediante las parábolas hasta el enfrentamiento directo de los poderosos económica y políticamente. Este carácter desideologizador, descubridor de la realidad, de las injusticias y desnudador de la mentira y el pecado individual como del estructural, queda bellamente descrito e ilustrado en varios versículos de la Sagrada Escritura, uno de ellos, quizá el más ilustrador al respecto, en el cual se expone “el que tenga oídos que oiga…..Por esto les hablo en parábolas, porque miran y no ven, escuchan y no oyen…..Porque la mente de este pueblo está embotada, tienen tapados los oídos y los ojos cerrados para no ver nada con sus ojos ni oír con sus oídos, ni entender con la mente ni convertirse a mí para que yo los cure (Mateo 13: 9-15).

De este versículo, de su análisis filosófico, no teológico, se desprende que existen varios tipos de personas y de pueblos: primero aquellas personas y pueblos que no ven y no oyen, ni tienen conciencia de ello, por lo que viven tranquilos siendo ciegos y sordos, no sólo de sus ojos y oídos anatómicos sino que también los del alma, los del espíritu; segundo, personas y pueblos, que creen que ven y oyen, pero no tiene conciencia que siguen siendo ciegos y sordos; tercero, aquellos que aprenden por medio de las desideologización, a ver y a oír, pero que renuncian a ayudar a que otros pueden desarrollar estas virtudes, dado que esto pone en riesgo su estabilidad económica y política, y en quinto, lugar, la especie más escaza, que de no reaccionar a tiempo, está en peligro de su extinción, es decir, aquellos, que quitándose el velo que cubrían sus ojos y los tapones que tapaban sus oídos, no sólo aprendieron a ver y oír la realidad y así mismos, sino que aprendieron a enseñar a otros a quitarse el velo y los tapones que les impedía ver y oír la esencia de la realidad, es decir, contribuyen a que los demás cuyos ojos, oídos y mente están ideologizados se desideologicen por sí mismos.

Sócrates luchó titánicamente contra el carácter ideologizador, encubridor de la realidad de sus enemigos y de sus principales adversarios, los sofistas. Jesucristo luchó con todo lo que era (Soy el que soy) para enfrentarse a los más poderosos económicas y políticamente, luchó contra los fariseos, contra los hipócritas y mentirosos, luchó contra el pecado y pecador individual y estructural, convirtiéndose en la historia de la humanidad en el máximo exponente de la desideologización.

En un mundo tan ideologizado como el actual, el carácter desideologizador, desvelador de la realidad real, de la nuda realidad de la mentira, de la injusticia social impuesta por los más poderosos de cada nación y de este mundo, urge con una urgencia tal que se extiende desde las máximas profundidades de los sufrimientos y esperanzas de los más marginados y excluidos de esta tierra hasta los confines del universo, del carácter desideologizador de Sócrates y de Jesucristo.

En función de lo anterior, los ojos y oídos biológicos y del alma humana han tenido dos posibilidades ante el desarrollo de la tecnología y ante las mal llamadas redes sociales, o que ellas les permitan destaparlos o que ellas posibiliten cubrir los ojos y taponear los oídos. Pues, resulta que como se planteó anteriormente, una posibilidad u otra no depende de la tecnología misma sino, por una parte, del usuario mismo con su capacidad de resistir crítica y creativamente a las embestidas ideologizadoras y enajenadoras de estas herramientas y por otra de los dueños y administradores de esta tecnología y de la redes sociales que en primer y última instancia responden a los intereses capitalistas y no a los intereses y beneficios de todos los seres humanos tanto de los países ricos como de los países más pobres de este planeta.

En el enfrentamiento de estas dos posibilidades, la segunda se ha impuesta sobre la primera, es decir, la opción ideologizadora y enajenadora de la tecnología y de las redes sociales ha anulado casi por completo la posibilidad descubridora y liberadora de esas herramientas tecnológicas.

Lo anterior se observa en diferentes ámbitos de la vida nacional y me atrevería a decir, que, con diferentes dosis de intensidad, también se observa sino en todos los países de este planeta, casi en todos.

Por ejemplo, usted lo puede observar en los corredores de varias universidades, que de diez estudiantes que están haciendo uso de su celular, uno nada más lo utiliza para realizar una tarea académica o para leer un libro de un autor que le permita ampliar las posibilidades de explicar y comprender los grandes problemas que la humanidad está padeciendo, los otros nueve están embebidos, absortos y absorbidos en y por las redes sociales, usadas nada más para el chambre o para enterarse de los últimos rumores del día.

Si usted viaja en un bus de transporte colectivo, va observar que buena parte de los pasajeros van haciendo uso del celular, de cada diez que van haciendo uso de este aparato, ninguno va leyendo un libro que le permita enriquecer su mundo espiritual y aumentar la capacidad para ver, para escuchar y para aumentar y mejorar su entendimiento, por el contrario, van embebidos y succionados por las redes sociales y los rumores que en ellas se propagan.

Los dos escenarios descritos, el universitario y el de los pasajeros que viajan en el transporte colectivo, también se reproducen de alguna manera en los mercados, en los parques, en las calles, en los hogares mismos, en la Asamblea Legislativa e incluso en las iglesias en el momento de las misas o de los cultos.

Toda esta valoración descriptiva sobre lo que ocurre en esa simbiosis entre usuarios y tecnología, entre sujetos y redes sociales, no implica, para nada, una satanización de la tecnología y de las redes sociales, simplemente es una constatación de un hecho de realidad, de la nuda y cruda realidad.

En esa simbiosis, muchos usuarios creen en este país, que las redes sociales, les han abierto los ojos, es decir, creen ciegamente, que, con su ayuda, han aprendido a ver y a oír, más no se percatan, que los dueños y administradores de estas redes están directa y dinámicamente conectados con los más poderosos económica y políticamente de cada nación y del planeta en su totalidad. Mundo en el cual hoy por hoy domina casi en su totalidad el sistema capitalista en su etapa neoliberal.

De lo anterior se deriva, no en forma mecánica, sino en forma dialéctica, critica y creativa, que las redes sociales, en su esencia en este contexto mundial y nacional, están al servicio de esos poderosos económica y políticamente, y no al servicio de las grandes mayorías de excluidos y marginados de esta tierra, por lo que lejos de destaparles sus ojos y oídos, se los tapan y se los taponean más.

A la inmensa mayoría de usuarios de las redes sociales, los llevan a creer ilusoriamente, que porque tienen ojos y oídos, pueden ver y oír automáticamente, más no se dan cuenta o no tienen conciencia que siguen siendo no sólo ciegos y sordos, sino más ciegos y sordos que antes.

Ciegos y sordos no sólo individuales, sino que también masivos, no sólo responden y reaccionan tal como quieren los flautistas mayores de este planeta y de este empobrecido país, que se comportan en muchos casos como una turba irracional que en estampida son capaces de eliminar al que tenga la osadía de cuestionar a estos flautistas, sino que también se pongan a su servicio.

Para muestra de esta situación, no un botón sino dos botones: En el periódico digital El Faro, la periodista Guzmán Valeria (viernes, 4 de octubre de 2019) publicó en un artículo titulado “El puente construido en Twitter todavía no existe”, que, aunque el presidente de la república Bukele, prometió construirlo en 45 días, a esta altura no existe. En este mismo artículo aparece una parte subtitulada “Una mentira, una propaganda, una obra pública”, en el cual la periodista, sostiene, que varias obras que el presidente de la república, publica en Twitter que ya fueron hechas, sólo son mentiras, pero las difunde como si fueran verdad para sacarle ganancia política y seguir haciendo creer a la población que todo lo prometido en campaña lo está cumpliendo.

El segundo botón, es que cuando el gobierno del FMLN aprobó el impuesto a la telefonía, él fue el primero en decir, que no estaba de acuerdo y que era un impuesto más, que lesionaba los bolsillos de la mayoría de la población salvadoreña y sobre todo de los más pobres. Qué pasa ahora que ya es presidente de la república, ese impuesto, no lo quito, sino que, con beneplácito, se vale de él para impulsar sus “planes de seguridad”.

Los dos botones como muestras del proceder del actual presidente de la república, se exponen, como ejemplos, de las promesas de campaña que no va cumpliendo, pero hace creer a la población por medio de las redes sociales, que, si las va cumpliendo, porque sabe perfectamente que la mayor parte de la población, esta ciega y sorda, sin que ella no se percate de ello.

Una persona, que exponga esta crítica en las redes sociales, inmediatamente, la población, como jauría ciega y sorda, destrozan, al que se ha atrevido a señalar el proceder demagógico del presidente de la república.

Ante todo, lo planteado anteriormente, aparece una serie de cuestiones, tales como: ¿Es esta la generación, a que hacía alusión Einstein, cuando afirmó que le preocupaba que la tecnología llegaría un momento que superaría a la humanidad, que se tendría una generación de estúpidos? ¿Si ya se llegó a ese tipo de generación serían capaces de resistir racionalmente el accionar inquisidor, cuestionador de Sócrates y de Jesucristo? ¿Y si no son capaces cómo reaccionarían ante ese accionar inquisidor de Sócrates y de Jesucristo?

Con tristeza y con suma preocupación, y sin que esto constituya una ofensa, sino más bien un hecho de realidad, ya se llegó a esa generación a que hace alusión Einstein, que son ciegos y sordos y creen ilusoriamente que son capaces de ver, oír y comprender la nuda realidad mediante las redes sociales. Este es sin duda el mayor triunfo de los grandes capitalistas de este planeta, tener adormecidas a las inmensas mayorías, así más fácilmente no sólo las dominan, sino que las ponen a su servicio.

Partiendo de otro hecho de realidad, si alguien se atreve a cuestionar en las redes sociales al flautista mayor de este país, inmediatamente, cientos de personas lo destrozan, lo anulan, y si es posible en una hoguera virtual lo queman, entonces, sin lugar a dudas, Sócrates y Jesucristo en su intento de hacer que las personas y las masas de personas aprendan a ver y a oír mediante los métodos de la ironía y de la parábola, serian mediante estas masas ciegas y sordas, por lo menos desterrados, sino condenados de nuevo a la muerte, ya no mediante la cicuta ni mediante la crucifixión, sino por medio de la inyección letal.

Para cerrar esta reflexión, planteo, que ante esta triste pero real situación nacional y mundial, urge con una exigencia histórica, o como decían nuestros bisabuelos y abuelos, como esperando el agua de mayo, que una pequeñísima pringa de gota de agua genere un gran tormenta o un diluvio desideologizador, que permita que los ciegos y sordos vean y oigan la esencia de esta realidad injusta y se comprometan como un todo y como un solo sujeto a transformarla y arrancar de un solo tajo, el mal que se posa sobre la faz de esta tierra.

14/10/2019

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