Tres de febrero de 2019: Día D en la sociedad salvadoreña


Por: Francisco Quintanilla
El “Día D” es un término usado genéricamente por los militares anglosajones para indicar el día en el que se debe iniciar un ataque o una operación militar o de combate. Este término comenzó a utilizarse el día 6 de junio de 1944 en el marco de la segunda guerra mundial.
Después este término, se generalizó su utilización para referirse a una fecha, a un día donde ocurrió o va a ocurrir un acontecimiento que por su trascendencia tiene la capacidad de impactar positiva o negativamente a la humanidad o a un sector de esta, región, país o población alguna.
El día que es denominado como “Día D” ocurre un acontecimiento, que siempre va precedido de un periodo de crisis económica y/o política. Toda crisis de la sociedad encierra en sí misma, por una parte, la posibilidad de un cambio radical en lo económico y/o en lo político, pero por otra parte, también supone, en el caso de no superarse la crisis, la agudización de la misma crisis, y como consecuencia, un fortalecimiento de las formas de organización económica y política que en ultima y primer instancia benefician a los más poderosos, repercutiendo negativamente en los más pobres y excluidos de los beneficios de la producción económica, cultural y científica de una determinada sociedad. Las crisis económicas y políticas de carácter estructural tiene una duración muy prolongada, como es el caso de la o las crisis ocurridas en países latinoamericanos como El salvador.
Pero hay que tomar en cuenta, que todo cambio, sobre todo un gran cambio va precedido de una crisis, pero no toda crisis, automáticamente genera un cambio, ni que tampoco, todo cambio que surge de superar una crisis, beneficia a las mayorías pobres o empobrecidas de un determinado continente, país o pueblo. Para que una crisis, genere un cambio y ante todo un cambio estructuralmente revolucionario y positivo para la gran mayoría, es y debe ser esta gran mayoría el sujeto artífice de dicho cambio.
El próximo tres de febrero del presente año, la sociedad salvadoreña vivenciará pasiva o dinámicamente unas elecciones presidenciales, que algunos analistas políticos las han tipificado como las primeras del siglo XXI que la sociedad salvadoreña va a experimentar, por varias razones, dentro de las que se destacan tres fundamentales: la primera, es porque por primera vez el pueblo salvadoreño tiene la oportunidad o posibilidad de superar el bipartidismo dominante en casi toda historia de los partidos políticos en la sociedad salvadoreña e incluso antes del aparecimiento de ellos en la sociedad salvadoreña, ya que en el siglo XIX la lucha fue entre dos movimientos: los conservadores y los liberales. El bipartidismo surge con todo su esplendor en la historia de El Salvador, después de las firma de los mal llamados acuerdos de paz, acontecimiento con el que se legitima este fenómeno político y electoral; la segunda razón, es porque, se ha creado un movimiento social fuerte, que ha ido progresivamente exigiendo, que los partidos políticos se conviertan en objetos o instrumentos al servicio de la población salvadoreña y no esta última al servicio de los primeros, como hasta ahora ha ocurrido, y la tercera razón, es que por primera vez, se ha desquebrajado y superado en gran medida la forma tradicional de hacer política partidaria, haciendo uso de la tecnología (celulares, Tablet, computadoras, y con estos aparatos, las llamadas redes sociales).
Estas elecciones, el día en que van a celebrarse ha sido denominado por algunos analistas políticos como el “Día D”. Y con tal denominación, no se refieren a que va haber un ataque militar, sino más bien expresa, un día fundamental en la historia del pueblo salvadoreño, en el cual este pueblo, la mayoría de él, tiene la posibilidad de dar un paso en un largo camino que él tendrá que  construir y transitar para ir progresivamente superando la crisis económica, política, social, cultural, medio ambiental y moral, a que los poderes y los poderosos económicos y políticos han sometido a este país, a este pueblo, durante casi dos siglos de existencia como nación salvadoreña, y durante más de cinco siglos desde la venida de los europeos a saquear y masacrar a nuestros pueblos indígenas.
El saqueo a que fueron sometidos nuestros pueblos originarios, por parte primero de los europeos y después por los estadounidenses, se constituyó con el transcurrir de los años, de las décadas y de los siglos en una costumbre, en un estilo de vida que se los heredaron a los criollos explotadores y depredadores de pueblos como el salvadoreño.
En la proclama de “independencia” realizada el 15 de septiembre de 1821 en la ciudad de Guatemala, no fue más que un acontecimiento donde los depredadores españoles legalizan la transmisión de ese modo de vida depredador y explotador a los criollos (a casi todos los que actualmente llamamos próceres de la independencia, ya que hubieron próceres revolucionarios como Pedro Pablo Castillo), para que las riquezas producidas por los nativos se concentraran en pocas manos (de acá surgen las llamadas familias más adineradas de este país). Con este proceder, es que se fue con el trascurrir de los años y de las décadas, agrandándose el abismo entre ricos y pobres.
Esta forma de saqueo histórico, fue asimilado no sólo por los descendientes de estas familias adineradas, sino que lamentablemente también por aquellos que estando en las montañas y en las ciudades juraron combatir para superar y dejar nada más en la memoria de las páginas de la historia salvadoreña la injusticia social y la pobreza, así como las causas estructurales que las producen.
Casi todos los días la población salvadoreña se da cuenta por diferentes medios como casi todos los excomandantes y que forman buena parte de la alta dirigencia del partido político FMLN, desde sus puestos se han enriquecido, aumentando considerablemente sus riquezas no sólo con el sueldo que legalmente reciben (que ya por si mismos dichos sueldos son jugosos), sino por medio del saqueo de las arcas del Estado Salvadoreño, que significa, que el saqueo es del dinero que procede de los impuestos que pagamos todos los salvadoreños trabajadores, ya que los que nunca han trabajado, pero que son dueños de casi todo este país, o no pagan o si pagan impuestos, los evaden en su mayoría.
Los verdaderos comandantes del FMLN histórico, que, sí combatieron en los frentes de batalla a la par de todos sus compas o camaradas, su estilo de vida durante la guerra civil y después de esta, siempre fue revolucionario, o cayeron en combate revolucionariamente o si sobrevivieron (comandantes y subalternos) fueron olvidados por la cúpula del FMLN que aprendieron y se acomodaron a las mieles del sistema capitalista neoliberal. Un ejemplo entre muchos, está el comandante Leoncio Pichinte del ERP, que menciona Geovani Gáleas, que está confinado, tirado en el olvido en un asilo público, y así como este comandante, muchos combatientes del FMLN, como también colaboradores y colaboradoras, que en la guerra les dieron de comer, de beber o a donde pasar la noche o que perdieron a sus hijos e hijas en la batalla, fueron olvidados por esta cúpula acaudalada del FMLN.
Esta cúpula, se acabó al FMLN como instrumento que debió estar al servicio de la gente y no al servicio de sus dirigentes. Al acabárselo como instrumento revolucionario al servicio de la gente, del pueblo salvadoreño, este partido político, fue progresivamente adquiriendo un perfil, que más parece un partido de derecha que uno de izquierda, lo que explica el por qué, la dirigencia de ARENA y la dirigencia del FMLN, han dicho abiertamente que prefieren que ganen las elecciones presidenciales cualquiera de sus candidatos que las gane Nayib Bukele. El FMLN, desde su constitución como partido político, su cúpula, para mal de la población salvadoreña, lo fue diseñando a imagen y semejanza del partido ARENA.
A lo anterior se le agrega, también, que otros exdirigentes y miembros del FMLN histórico, una vez firmados los mal llamados acuerdos de paz, comenzaron de lleno a trabajar para la derecha (para el diario de Hoy, para la Prensa Gráfica, para FUSADES, para los banqueros salvadoreños), convirtiéndose en asesores e ideólogos de la derecha y de las familias más adineradas de este país, lo cual indica, que realmente, nunca fueron de izquierda, la plata puso al descubierto su real ideología, y como dice el saber popular: por la plata baila el mono, por la plata, cambiaron su ideología revolucionaria por una pusilánime y genuflexa.
Pero volvamos al llamado “día D”, en este día, realmente el pueblo salvadoreño, sin menospreciar al partido más débil (VAMOS), tiene tres posibilidades, todas las cuales, son derecha. Una de estas, cuyo candidato, también es muy acaudalado (Bukele), pretende, si llega a ser elegido como presidente de este país, como muy bien lo dijo Dagoberto Gutiérrez en una entrevista en canal TVO, con Will Salgado, hacer del Estado salvadoreño, un Estado más decente, es decir, un estado más eficiente, donde se enfrente y se confronte la corrupción, y que se constituya en un instrumento al servicio de alguna manera de la inmensa mayoría de la población salvadoreña. No pretende, Nayib como presidente de este país, hacer cambios estructurales en la sociedad salvadoreña, que supere de raíz las causas estructurales de la injusticia social, de la pobreza y de la violencia y que también fueron el origen de la guerra civil, sino que, impulsar cambios reformistas, que detengan y mermen en alguna medida la crisis galopante a que ha sido sometido este pueblo sobre todo en los últimos treinta años. Sin embargo, estos cambios ofrecidos por Bukele, de llegar a la presidencia de la república salvadoreña, genera mucha preocupación a las cúpulas de los partidos de ARENA y del FMLN, así como a las familias más acaudaladas de este país, preocupación que es un reflejo, de que no pueden decir “el que nada debe nada teme”, al contrario, como mucho le deben al pueblo salvadoreño, a todo le temen.
El Dr. Dada Hirezi, sostuvo con justa razón, en una entrevista realizada esta semana en el programa La República, en el canal 33, que ninguno de los planes presentados por los candidatos a la presidencia de todos los partidos políticos en contienda, plantean como van a enfrentar y erradicar las causas estructurales que generan la injusticia social y la pobreza en este país, y como se dijo anteriormente, todo cambio va precedido de una crisis, pero no toda crisis provoca automáticamente un cambio, ni mucho menos un cambio estructural, agregándole, peor aún proveniente de un acaudalado, lo cual indica, que si esta valoración es correcta, las reformas que plantean los tres candidatos de los tres partidos más poderos, una más que las otras, buscan, amortiguar o disminuir el caos económico, de salud, educativo, ambiental, moral y de la violencia que dicho sea de paso ya cobró más víctimas que las que generó la guerra civil en la década de los 80 del siglo recién pasado. Este caos a que han sometido a la sociedad salvadoreña lo han provocado históricamente los mismos de siempre, por supuesto con ayuda del gran imperio del capitalismo.
Entonces, la gente si decide votar en su mayoría por Nayibe Bukele, como lo indicaron todas las encuetas, es por una parte, consecuencia de los gobiernos corruptos tanto de ARENA como del FMLN y por otra, una expresión de un castigo a tales gobiernos y a la dirigencia de tales partidos, pero también, una expresión de que lo último que muere en una persona, en un grupo, en un pueblo es la esperanza de tener un gobierno que articule con su pueblo, la construcción de una sociedad donde la persona humana sea la razón de su ser y de su existir.
Ahora bien, la población está clara que las dirigencias de estos dos grandes partidos políticos (ARENA y FMLN), no están dispuestos a perder tan fácilmente las elecciones y poner en peligro sus riquezas acumuladas por diferentes formas y sus privilegios, por lo que estarán dispuestos a hacer muchas cosas para conservar su poder y sus privilegios, por lo que hay razones históricas de sobra en buena parte de la población para suponer, que estas dirigencias pueden fraguar un fraude electoral. Las razones de fraude que se transpira en este ambiente electoral, no sólo son subjetivas, sino que también objetivas.
Le queda, entonces al pueblo salvadoreño mucho camino por construir y recorrer, porque construcción y recorrido son dos acciones que dialécticamente ocurren y deben ocurrir al mismo tiempo. El pueblo salvadoreño, no debe renunciar jamás, a aspirar a construir un país, una nación, donde de una vez y por siempre, los corruptos, los ladrones estructurales de la riqueza, de la esperanza, y de la utopía desaparezcan  por siempre de estas tierras y donde la persona humana grupal e individual sea el centro y no los satélites del estado salvadoreño y de sus funcionarios nacionales y extranjeros, como lo soñaron en la praxis revolucionaria: Anastasio Aquino, Farabundo Martí, Alfonso Luna, Mario Zapata (estos tres últimos fusilados el 1º de febrero de 1932), Francisco Sánchez, Feliciano Ama, Miguel Mármol, entre muchos otros auténticos guerrilleros.
El pueblo salvadoreño está exigido a ser y constituirse en el sujeto de su historia, en el artífice de su propio destino, en el heredero de los sueños y utopías de todos esos reales luchadores revolucionarios, incansables que ha parido la tierra cuscatleca.
30/ 01/ 2019

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