Otro disfraz de la normalidad

Por: Francisco Quintanilla

Ser maestro, a pesar de sus dificutades actuales, es una de las travesuras más maravillosas de la vida humana. Ser maestro, no es simplemente transmitir conocimientos, es sore todo, contribuir a que otro tome la decisión de encender una velita que lleva dentro de su conciencia para que pueda ver más lejos en la inmensa oscuridad, que sistemas como el capitalismo le impone al ser humano.. Contribuyendo a que otros enciendan su velita, ellos contribuyen a que nostros encedamos la nuestra.
Maestro, no sólo es el que enseña en la escuela (desde el Kinder hasta la universidad), maestro es todo aquel que asume esta prodigiosa tarea de contribuir a que otros enciendan su vela en su conciencia, por lo tanto maestro es el papá o la mamá que orientan a sus hijos a que transiten por el recto camino, maestro es todo aquel que desde el púlpto predica la palabra liberadora de Cristo, maestro es todo aquel que en la calle o en los mercados en sus dicusiones con otros les provoca como los dioses con Prometo, enceder el fuejo, la llama de la liberación.
En este día especial para todos los maestros, comparto con ustedes una refelxión titulada: Otro disfraz de la normalidad.
Quien les aprecia y extraña
Fancisco Quintanilla

El mundo y dentro de él, el hombre, espera y exige ser explicado y transformado por este último; contrariamente, el sistema capitalista, castiga a quien lo interprete, y elimina a quien tome la osadía de participar de su transformación radical. En este marco, se expone a continuación una reflexión critica sobre el concepto de “nueva normalidad”, que se ha puesto en boga en el actual contexto mundial, cuestionado y doblegado por la pandemia del COVID19.

Todo concepto, su mejor comprensión o su mejor entendimiento, exige de su suyo, una interpretación dialéctica, es decir, una interpretación en la cual es necesario recurrir a su opuesto.
Desde este parámetro, así como no se puede hablar de la claridad sin hacer referencia a la oscuridad; así como no se puede discernir qué es la justicia sin enfrentarse a lo qué es la injusticia; así como no se puede aspirar a la libertad sin jinetear la esclavitud; así como no se puede tener una aproximación más profunda de la verdad sin acercarnos a qué es la mentira en un momento histórico de determinada sociedad, tampoco, se puede dar por sentado sin más qué es la normalidad, sin que el entendimiento humano enfrente analítica y cuestionadoramente el concepto de anormalidad.
Todo concepto, además, de que su mejor entendimiento exige un proceder dialéctico, también hay que tomar en cuenta que todo concepto es relativo; relatividad condicionada por múltiples factores individuales, sociales, políticos, culturales, raciales, religiosos, de clase social, históricos, etc.
Hace 2500 años el gran filósofo griego Protágoras sostenía que el hombre es la medida de todas las cosas en cuanto que son y de las cosas que no son en cuanto que no son. En este sentido, una misma cosa, una misma realidad es o puede ser vista e interpretada de distintas maneras. Estas maneras distintas de interpretar están condicionadas por múltiples factores, que son asimilados por los individuos, por los grupos, por las comunidades, por las naciones, por las regiones o por el mundo entero, de forma consciente en algunos casos o de forma inconsciente en la mayoría de los casos.
En el campo de la psicología, los conceptos de normalidad y de anormalidad son harto complejos definirlos y entenderlos, ya que al igual o similar que en otras ciencias, estos conceptos son interpretados desde diferentes ópticas.
En el caso de la psicología, han sido interpretados desde diferentes teorías, que constituyen especies de prismas con diferentes colores ideológicos. Dentro de estas teorías encontramos principalmente a las teorías psicoanalíticas, conductistas, cognitivas, humanistas, dialécticas, etc., pero independientemente desde que óptica psicológica se interprete los conceptos de normalidad y anormalidad, hay teorías unas más que otras, que inducen a que exista una mayor confusión a la hora de plantear qué es lo que se puede considerar como normal o anormal, no dejando, bien establecido cuál es limite o la frontera entre un tipo de comportamiento y otro en un momento histórico determinado y en una sociedad concreta; lo que hay que tener claridad, es que entre más confuso sea el planteamiento que hacen acerca de la normalidad y anormalidad y su limites, más contribuyen consciente o inconscientemente a que el ser humano individual o grupal, se aleje de la realidad y renuncie sin darse cuenta a descubrir la esencia de ella, renuncie a descubrir todo lo que se oculta detrás de su apariencia y por lo tanto, renuncie a cuestionarla y transformarla radicalmente.
Aquellas teorías psicológicas, que interpretan la normalidad-anormalidad desde un reduccionismo psicologista, han interpretado este fenómeno moviéndose nada más en la subjetividad individual, negando la importancia de los factores objetivos, externos a la subjetividad, como también desvalidando la relación dinámica entre sujeto y realidad. Desde estas teorías alguien es normal si existe un equilibrio entre las diferentes fuerzas o instancias internas, por consiguiente, si hay un desequilibrio entre estas instancias, al sujeto lo califican o diagnostican como anormal.
Hay otras teorías psicológicas como las ambientalistas, que han interpretado la normalidad-anormalidad, partiendo nada más de la influencia del mundo externo sobre el individuo, pero dejando de lado la dinamicidad de la subjetividad sobre ese mundo externo; estas teorías al igual que las subjetivistas, también dejan de lado, la relación dinámica entre sujeto y realidad. Desde esta perspectiva, el ser humano es reducido a una máquina, por lo que será considerado como normal si se comporta de acuerdo a la programación que reciben de parte del que programa y controla su comportamiento. Si alguien, se resiste actuar de acuerdo a esos programas, se considera un anormal.
Tanto las primeras teorías como las segundas, son de carácter ahistórico, es decir, interpretan la normalidad-anormalidad, sacando al individuo de la historia y negándole su carácter dinámico, sujeto a los cánones de los conflictos internos, subjetivos o sujeto a los dictámenes de los programadores del comportamiento.
Hay un tercer grupo de teorías, que interpretan la normalidad-anormalidad, desde la perspectiva de la relación dinámica entre sujeto y realidad. Desde estas teorías, para la construcción conceptual de lo que se debe entender por normalidad-anormalidad, además de que se debe partir de la relación dinámica entre sujeto y realidad, también, hay que saber, que la acción de definir la anormalidad-normalidad, es una acción relativa, y cuya relatividad está condicionada históricamente por una variedad de factores a los cuales ya se hizo alusión anteriormente.
El concepto normalidad-anormalidad, no es un concepto absoluto, In sæcula sæculorum, sino relativo, dado que la realidad en general y la social en particular también es relativa y cambia constantemente y también, porque están, dichos conceptos condicionados por los intereses de quienes perciben, interpretan la realidad objetiva e imponen la normatividad. En esta dinamicidad, de cambio de la realidad social y de los que imponen las normas, se ubica el accionar consciente de los individuos que se resisten a sujetarse a unas determinadas normas, a una determinada normalidad. Esta resistencia ha ido de un simple oponerse hasta a acciones de rebeldía revolucionaria.
El arte de definir conceptos, así como de construir teorías, no pueden ni están libres de valores e ideología como lo sostiene el positivismo, ya que toda o casi toda creación humana, lleva la impronta de los intereses, de los valores, de la ideología de la clase dominante.
Todo esto hace mucho más complicado para los profesionales y para las disciplinas que tienen que ver con la salud mental, dejar claro los limites entre lo que se puede considerar como normal o anormal, en cada momento de la historia y en cada sociedad concreta. La confusión entre los limites o fronteras entre lo anormal y anormal, ha servido, como herramienta de control de la clase dominante sobre las clases subalternas.
Uno de los criterios que ha predominado en el campo de las disciplinas de la salud metal, ha sido, el de un criterio estadístico, es decir, partir de que algo es considerado como normal, si lo que hace alguien lo hace la mayoría, por lo tanto, se entiende y se acepta, sin más, como anormal, lo que hace la minoría, así, si un comportamiento es asimilado y realizado por la mayoría, se considera como normal, por el contrario, si un comportamiento, es opuesto y distinto a la forma de comportarse de la mayoría, entonces, ese comportamiento, ha sido catalogado como anormal.
Lo que hace la mayoría está condicionado por la normatividad impuesta por la clase social dominante y difundida por medio de la educación formal, informal y no formal.
La normalidad-anormalidad, en estas disciplinas de la salud metal ha sido equiparada con la salud-enfermedad, es decir, el que es considerado como normal, se considera también como saludable, y el que es anormal, ha sido considerado como enfermo.
Pero, ante esto surgen dos trascendentales preguntas, basada en autores como Foucault y Althusser, -quienes consideran que tanto el criterio de enfermedad y por lo tanto de anormalidad, son impuestos por el discurso oficial, es decir, de quienes tienen el poder económico y político- ¿qué pasa si la sociedad en su conjunto está enferma, es decir, que ha caído en niveles de una sociedad sodomica, donde la mayoría se ha corrompido? ¿Quiénes serían considerados como normales, los que se comportan como la mayoría o los que no hacen lo que la mayoría exige? Porque si se parte del criterio de considerar como normal lo que la mayoría hace, el pago que tendrían que dar la minoría para ser considerado como normales, es hacer o comportarse como se comporta la mayoría.
En ese juego o interpretación de considerar la normalidad-anormalidad en función de lo que la mayoría hace en una determinada sociedad, se oculta las perversiones y la injusticia social de parte de quienes imponen en cada momento histórico y en cada sociedad concreta, los cánones de qué ha de considerarse como normal o anormal.
La normalidad-anormalidad, desde la teoría del interaccionismo simbólico de George Mead, y desde la teoría de la rotulación de Becker, son rótulos, etiquetas, que imponen los grupos sociales sobre las personas que los integran, y que los obligan a comportarse de acuerdo al rotulo recibido. Pero desde la teoría del materialismo dialéctico, de normalidad-anormalidad, no sólo serian rótulos o etiquetas que los grupos imponen a cada uno de sus miembros, sino que son categorías que los ideólogos de las clases dominantes crean para imponérselas a los miembros de las clases dominadas y explotadas, y de esta forma ejercer un mayor control sobre cualquier comportamiento que consideren que está poniendo en riesgo la posición privilegiada que ostentan, que ponen en peligro su poder económico y político.
Entonces, cuando se habla en el mundo actual, bajo el condicionamiento de la pandemia del COVID19, de que la humanidad debe de ajustarse a una nueva normalidad ¿De qué nueva normalidad hablan, si el mundo, la sociedad mundial sigue siendo no sólo injusta sino más injusta con los más empobrecidos?
Entonces, si las realidades económicas, sociales, culturales, ecológicas, indican que las sociedades nacionales y la sociedad mundial, no sólo siguen siendo injustas, sino más injustas que antes con las mayorías populares, la llamada “nueva normalidad” constituye una de las falacias más grandes, un profundo escarnio que los más privilegiados de este mundo le están haciendo e imponiendo a las inmensas mayorías populares.
Si la sociedad mundial y nacional actual no ha cambiado de esencia, ya que sigue siendo capitalista neoliberal, está mal llamarle, a la actual normalidad, como nueva normalidad, a parte de constituir nada más un nuevo antifaz detrás del cual se pretende ocultar que este mundo no sólo sigue siendo injusto, sino más injusto, están pretendiendo ejercer un mayor control contra todos aquellos que comiencen a darse cuenta o a percibir las entrañas del sistema capitalista neoliberal que la pandemia del COVID19 ha dejado aún más al descubierto. Entrañas, que, como maquinarias tradicionales y virtuales, trituran por millones la dignidad humana de la inmensa mayoría de excluidos.
La “nueva normalidad”, la quieren vender o están vendiendo con el rostro de las mascarillas quirúrgicas, del alcohol gel, de los guantes, etc. En otras palabras, detrás de las mascarillas, de los guantes, se oculta el rostro diabólico de los que se encargan de empobrecer cada vez más a las mayorías populares, se oculta que si bien es cierto el covid19 no distingue de clases sociales, también es cierto, de que no todos tienen derecho ni la posibilidad de abordar un avión privado y pagar por recibir un excelente servicio de salud en un hospital de un país del primer mundo, se oculta la profunda injusticia social, se oculta los tentáculos de los grandes capitalistas y sus inescrupulosas corporaciones que pretenden sacarle provecho a la enésima potencia del millonario ejercito de desocupados, que no produjo el covid19 como tal, sino las ambiciones de quienes se han encargado siempre de ampliar su poder y su riqueza aun a costa de la destrucción de la humanidad y del mundo.
La pandemia del COVID19, ha sometido a una crisis al mundo entero, pero como toda crisis, da por lo menos dos posibilidades: superarla o no. Superarla, significa o implica, que la inmensa mayoría despierte de la normalidad impuesta, y se convierta en anormales, que le den paso, dinámica, dialéctica y revolucionariamente a una nueva real normalidad, a una autentica nueva normalidad. Por el contrario, no superarla, significa, que la inmensa mayoría de empobrecidos, no luchen por cambiar radicalmente este mundo injusto, y terminen aceptando, “la nueva normalidad” impuesta, como la normalidad deseada, y que se está difundiendo por los diferentes medios de “comunicación”, que oculta los enormes y profundos torrentes sangrientos de la injusticia social.
Termino, esta reflexión con palabras de Martin Luther King Jr.:” Si no puedes volar, corre, si no puedes correr, camina, si no puedes caminar, gatea. pero no dejes nunca de avanzar”. Entonces, a las mayorías populares, no les queda otra, que seguir avanzando valga la redundancia, hacia adelante, si quiere construir revolucionariamente una nueva sociedad y por lo tanto una nueva, real y autentica normalidad, y como diría Fidel Castro, todavía es posible, pero a la humanidad le queda poco tiempo.

22/06/2020

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