Las ilusiones políticas

Las ilusiones políticas

Por: Francisco Quintanilla

Hay cosas en la vida tremendamente dolorosas para el ser humano. Por ejemplo, para una mujer dar a luz es profundamente doloroso; dar a luz nuevas ideas también es tremendamente doloroso, sobre todo si se estaba acostumbrado a no pensar; perder a un pariente muy cercano sanguínea y afectivamente es harto doloroso; perder el trabajo sobre todo cuando toda una familia depende económicamente del que perdió el trabajo, genera desequilibrios profundos en la estructura y organización familiar.

La producción de algo o la perdida de algo tienen la posibilidad de generar dolor físico y/o mental. Pero toda producción o pérdida de algo, generan de alguna manera, crisis, y toda crisis, induce al ser humano individual o grupal a enfrentarse al menos con dos posibilidades, a saber: el estancamiento o la superación de la crisis que lo conduzca a un estadio mejor y superior.

En la historia de la humanidad y de los pueblos, el ser humano individual o grupal ha sido productor, la mayoría de las veces, en forma consciente y algunas veces de forma inconsciente de crisis sociales, económicas, políticas o militares, las cuales como ya se dijo van antecedidas de dolor, fenómeno que lo ha llevado a tratar de superar la crisis, como consecuencia del dolor que le antecede o que a la vez de ella deriva.

En ese intento de superar las crisis producidas para llegar a un estadio superior en la organización social humana, el hombre ha logrado entender que las grandes crisis es más posible superarlas si él como sujeto individual se organiza o forma un sujeto grupal, cuyos integrantes estén movidos por los mismos objetivos, los mismos intereses y que por lo tanto los lleve a actuar como un todo, como un solo sujeto, como un uno.

Este sujeto, es lo que Ignacio Ellacuría denominó en su libro “Filosofía de la realidad histórica” sujeto de la historia, que es o sería el encargado de impulsar las grandes transformaciones, las transformaciones estructurales de un modelo económico y social.

En ese esfuerzo, del sujeto de la historia de provocar esas transformaciones estructurales, con alguna frecuencia, no adrede, este sujeto y un pueblo en general que tiene ambiciones de superar con creces el mundo o la sociedad injusta donde vive o le ha tocado que vivir, ha padecido de ilusiones políticas, similares al conocido fenómeno en las ciencias Físicas, de las ilusiones ópticas.

Estas ilusiones políticas producen similares efectos que los que producen las ilusiones ópticas. Por ejemplo, la ilusión óptica de alguien que ya tiene un par de días perdido en el desierto, su necesidad de agua para calmar su profunda sed, lo lleva a visualizar a lo lejos un oasis, la decepción llega, cuando se acerca a tal oasis, descubre que sólo había sido una ilusión óptica, que además de provocarle una tremenda decepción, le produce dolor, desesperación y desesperanza; otro ejemplo, es que según los expertos en este fenómeno de las ilusiones ópticas, lo que paso con el famoso barco Titanic, su hundimiento fue producto de ilusiones ópticas de parte de los encargados de visualizar y detectar con anticipación la existencia de algún iceberg, ilusiones que por cierta combinación de factores ambientales y climáticos producidos en el lugar y época donde navegó este barco, llevaron a las personas a no ver cosas que realmente estaban frente a sus ojos, y ver cosas que no estaban, o a ver una cosa de pequeñas dimensiones cuando era realmente de grandes dimensiones o a la inversa, bueno todos saben que paso con este barco, terminó chocando con un enorme iceberg y se hundió.

Los efectos provocados por las ilusiones políticas también son dolorosos y traumáticos. Las ilusiones ópticas en la historia de la humanidad, que como dijo Karl Marx en su libro “El manifiesto comunista”, en sus primeras dos líneas y media, se reduce a la historia de la lucha de clases sociales, han llevado no sólo al sujeto de la historia sino que también a pueblos enteros a creer que algo por lo cual se había y se está luchando está cerca de alcanzar, es decir, está a la vuelta de la esquina, pero el dolor, el trauma se incrementa con frecuencia a nivel de decepción y de casi pérdida de la esperanza revolucionaria cuando este sujeto se da cuenta que lo que parecía cerca o muy cerca de alcanzar sucede que está no sólo lejos sino muy lejos de alcanzar.

Ese impacto que no sólo es político, sino ante todo humano, puede provocar, si no se está preparado para los fracasos, sobre todo de este tipo, un pérdida total de la esperanza, de la utopía revolucionaria, pérdida que es más desastrosa que cualquier derrota política o militar, porque esto conduce al sujeto de la historia a retroceder, a involucionar, a convertirse en un simple sujeto histórico que sólo contempla la vida, sin comprometerse jamás con su transformación estructural, un sujeto condenado nada más a dormir, comer sí puede, hacer pipí, popó, tener sexo, a reproducirse si se descuida y a tener un teléfono celular de último modelo, reducido, en otras palabra, a su dimensión estrictamente animal. Es un sujeto que dado la desilusión provocada por una ilusión política, ha perdido la confianza no sólo en sí mismo, sino que también, en todo instrumento, grupo social o persona que siga pregonando alguna utopía revolucionaria, se ha convertido, con palabras del argentino José Ingenieros en un hombre mediocre, el cual puede ser individual o grupal.

Caer en este nivel de reducción de lo humano a lo estrictamente animal, sería y es un reflejo de que los superpoderes capitalistas con su inhumanidad han triunfado sobre la humanidad y sobre sus pretensiones de liberación de todo lo que la oprime, reprime y esclaviza.

En el caso concreto del proceso que inició siendo revolucionario hace varias décadas en El Salvador, y que supuestamente pretendía derrocar o superar el sistema capitalista, primero mediante las armas y después políticamente (utilizando la segunda vía, según Marx es imposible lograr tal propósito, sólo es posible mediante la primera vía), parece ser, que dicho proceso fue o ha sido abortado por el mismo sujeto que aparentó ser un sujeto de la historia, pero la realidad le quitó dicho antifaz, lo desnudó y ha quedado al descubierto que sólo era un sujeto histórico, egoísta y vivían que utilizó nada más a los mejores hijos salidos de las entrañas del pueblo salvadoreño (quienes donaron hasta su vida), no para luchar por la transformación radical de las estructuras injustas de la sociedad capitalista sino para mejorar sustancialmente las condiciones materiales y económicas del que aparentó se un sujeto de la historia.

No se sabe con certeza, si la cúpula actual del FMLN, tuvieron algún día como horizonte la liberación progresiva del pueblo salvadoreño de la opresión y explotación del capitalista y de los capitalistas, ni tampoco si algún día su estilo de vida fue realmente revolucionario, lo que sí sabe con certeza es que cuando dieron el salto de las montañas a los grandes hoteles de lujo y a ocupar puestos en las estructuras más elevadas del aparato del estado, se dejaron encantar por los hechizos de la CIRCE capitalista neoliberal, rompiendo los vínculos con el pueblo sufrido y combativo, que era la fuente de donde realmente emanaba y fluía la sabia de la revolución.

Esa ruptura de la cúpula del FMLN con la fuente de la revolución, fue provocando que la cúpula creyera equivocadamente que la revolución era algo que en propio les pertenecía sólo a ellos, y que podían existir como tales por sí mismos, sin darse cuenta que desde el instante mismo en que se alejaban del pueblo (quien era el que realmente les recordaba su compromiso y su entrega con la revolución y los nutría de las convicciones revolucionarias), desde ese momento comenzaron a morir como revolucionarios, entregados a los vaivenes de las exigencias y clamores del poder y de los poderosos capitalistas. El olvido de su horizonte como de su estilo de vida revolucionario fue tanto, que terminaron convirtiéndose en unos acaudalados más, en unos opresores más a las órdenes del gran capital.

Cuando el FMLN llegó al poder ejecutivo por primera vez y con buena representación en el poder legislativo, mucha gente creyó o tuvo la ilusión política de que cada vez se estaba más cerca de la utopía revolucionaria, que cada vez se tenía más posibilidades de desarticular el neoliberalismo, pero la decepción, el impacto, el desencanto y el dolor popular comenzó a incrementarse, en la medida que comenzó a darse cuenta que lo que parecía cada vez más cerca estaba y está cada vez más lejos.

Desencanto y dolor producido por quienes se encargaron con su práctica y estilo de vida (cúpula del FMLN) de poner al descubierto que ellos no son lo que aparentaron ser durante muchos años, sino el reverso y lo opuesto de ello, encargados de producir sólo una ilusión política. Es decir, la decepción y el dolor popular es mayor en la medida que el pueblo toma conciencia que lo que parecía que era realmente no es, que lo que parecía ser izquierda no es más que en el mejor de los casos un instrumento reformista o en el peor de los casos una expresión disfrazada de los clásicos reaccionarios que hacen todo lo necesario para mantener el statu quo.

Este desencanto y dolor popular por el engaño, por la ilusión política provocada por la cúpula del FMLN, llevó a buena porción del pueblo, en las elecciones recién pasadas para diputados y alcaldes, a no votar o anular su voto, y recordarles a los dirigentes del partido de “izquierda”, que la revolución, no es una energía, no es una convicción, ni un estilo de vida que en propio le pertenece a los dirigentes del FMLN, sino que le pertenece a toda fuerza que derivada del pueblo, busca su liberación del yugo capitalista neoliberal, y que no es el pueblo que necesita a la cúpula del Frente, sino esta cúpula quien necesita del pueblo.

Las ilusiones políticas que no parten de la realidad conducen tarde o temprano a profundas desilusiones, a espejismos políticos, morales y hasta revolucionarios, por el contrario las ilusiones políticas que parten de datos de la realidad, que parten de un enunciado marxista de que hay que tomar en cuenta la relación entre necesidad y posibilidad, estas ilusiones conducen al fortalecimiento de las convicciones revolucionarias y a tener claro que la producción de algo nuevo pasa por la destrucción de lo viejo, y esto además de profundamente largo es tremendamente doloroso, requiere de mucho esfuerzo, de muchas energías y de una profunda creatividad, sí es posible para volver a comenzar un proceso, o para engendrar una nueva estirpe de reales revolucionarios.

Parafraseando palabras del gran filósofo Nietzsche, “el FMLN ha muerto, no, se ha suicidado”, esto queda más que evidenciado, con las últimas decisiones del actual gobierno, que reflejan que no aprendieron las lecciones sufridas a fuerza de mazazos, de macanazos dados por buena porción del pueblo salvadoreño en las elecciones recién pasadas, al seguir demostrando que son sordos y ciegos ante las exigencias populares. No destituyeron a ninguno de los grandes dinosaurios, simplemente reubicaron a algunos en nuevos puestos, desde los cuales seguirán chupándole la sangre al pueblo, puestos que les permitirán seguir ganando jugosos sueldos, mientras el pueblo continua en un proceso progresivo de pauperización. Este tipo de decisiones, no hay duda que provocará más repudio popular en contra de los que algún día se llamaron revolucionarios, allanándole lamentablemente el camino a ARENA para que tenga más posibilidades de apropiarse de todo el poder económico, político y jurídico.

Bueno, para terminar con esta reflexión, es necesario destacar, que la decepción, el desencanto y de alguna manera el impacto provocado por los efectos de la ilusión política o de un espejismo político, no debe ni debería llevar a matar absolutamente la esperanza de construir un mundo mejor, aunque el camino siga siendo espinoso, doloroso y se sienta que es cada vez más largo y oscuro, sino que ´por el contrario debe llevar al pueblo a levantarse cada día, inspirado que sólo de las entrañas de él mismo, puede surgir y construirse el sujeto de la historia, auténticamente revolucionario, y que dicho sujeto no saldrá jamás de los deseos o aspiraciones de ningún mercader reaccionario o reformista.

El pueblo perdió una batalla, pero no ha perdido la guerra, quedan muchas batallas que librar y hay que enfréntalas con creatividad organizativa y muchísima energía revolucionaria, que le lleve primero a reconocer y aceptar que lo que aparentaba ser el FMLN realmente no lo es, y segundo, que es necesario parir un nuevo sujeto de la historia realmente revolucionario, o como diría Silvio Rodríguez en una de sus brillantes canciones, en uno de sus poemas de amor revolucionario: “La era está pariendo un corazón, no puede más, se muere de dolor, y hay que acudir corriendo, pues se muere el porvenir, en cualquier selva del mundo, en cualquier calle”.

El Salvador, Centroamérica, 21 marzo de 2018.

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