La psicología y la chamanería. Parte 2

Por Francisco Quintanilla.

 

Cuando el encubrimiento o enmascaramiento de la realidad lo hace inconscientemente el psicólogo ni siquiera se da cuenta que con su práctica “profesional”, está contribuyendo a descontextualizar, a despersonalizar y a deshistorizar a las personas que atiende, sino que tampoco se da cuenta que también él mismo y la psicología se descontextualizan, se despersonalizan y se deshistorizan. En otras palabras, descontextualizando se descontextualiza él mismo, despersonalizando se despersonaliza el mismo, deshistorizando se deshistoriza él mismo.

Ambos tipos de psicólogos que encubren o enmascara  la realidad consciente o inconscientemente, ambos son culpables o cómplices de contribuir a que las personas que trata psicológicamente, como diría Paolo Freire,  no sean capaces de leer correctamente su realidad, de escribir su propia historia, ni de sumarse a la transformación de las realidades injustas en progresivamente más justas y más libres y liberadoras.

En este proceso de encubrimiento, de enmascaramiento de la realidad, consciente o inconscientemente,  la técnica o procedimiento particular que utilizan los profesionales de la psicología, es orientar, a que el paciente como tradicionalmente se llama al que acude a los servicios profesionales del psicólogo, a que busque las causas de sus “trastornos” o “alteraciones” mentales o de comportamiento en las profundidades de su subjetividad, y no en su interacción con la sociedad que le circunda, es decir lo “orienta” a que deje en el olvido que las causas reales de sus “alteraciones” mentales las encontrará en su interacción con el mundo o con la sociedad que le rodea y en la cual está inserto y no en su subjetividad solipsistica y enclaustradamente entendida.

El profesional de la psicología, en este sentido, orienta al paciente a que se desdoble, a que se separe de la realidad, quedando para el psicólogo y para el paciente mismo, su personalidad (la del paciente) chulona, fuera del charco social y de sus turbulencias económicas, políticas, sociales e históricas. Por supuesto este desdoblamiento además de transitorio es imaginario.

Transitorio, porque dura nada más mientras dure la consulta psicológica, mientras dure la terapia psicológica; imaginario dicho desdoblamiento, porque cuando el paciente sale de la clínica del psicólogo y le han hecho creer que sus problemas ya desaparecieron o ya los superó, al abrir de nuevo sus ojos, poco a poco se va dando cuenta, aunque sin entender completamente la realidad, que esta realidad que le circunda sigue siendo la misma, con todos sus avatares y torbellinos, que es la realidad de donde se originan dinámicamente sus alteraciones mentales.

Entonces, el psicólogo, como se dijo anteriormente, con su terapia psicológica, al descontextualizar, despersonalizar y deshistorizar al paciente, también se somete él inconscientemente a estos tres proceso como a su práctica profesional, es decir, descontextualizando, despersonalizando, deshistorizando, se despersonaliza, se descontextualiza y se deshistoriza él mismo como como persona y como psicólogo.

Bajo este proceso de encubrimiento de la realidad y de alejamiento de la misma a que somete consciente o inconscientemente el psicólogo al paciente como a él mismo, se ha visto inclinado a buscar, como se dijo anteriormente las causas de los trastornos, de las alteraciones de la subjetividad o de la conducta en la subjetividad misma, alejados de la realidad real. Entonces, al ir navegando en esta dirección que apunta a un alejamiento mayor de la  realidad real,  el psicólogo se aleja cada vez más de una práctica profesional científica y de una práctica científica. En este sentido si su práctica se aleja cada vez de una práctica científica o se ha dejado en muchos países latinoamericanos de ser científica, quiere decir, que no ha dejado su origen, no ha roto el cordón umbilical que la une con la práctica  chamánica, con la práctica de la magia y de la brujería.

Todo lo anterior lleva a considerar que la práctica del psicólogo en muchos países latinoamericanos y en muchas universidades insertas en estos países está lejos de ser científica y mucho más cerca de ser chamánica, con el agravante de que es una práctica científica deformada pero también es una práctica chamánica deformada, es decir, no hace bien el papel de científico de la psicología pero tampoco ejecuta bien el papel de chamán.

Entonces, las universidades donde forman a los psicólogos y a otros profesionales, lejos de ser escenarios donde se produce ciencia se han convertido en una especie de centros espiritistas, ya que también están  de espaladas a la realidad; definitivamente, no les queda otra que por medio de la teoría, importar realidades distintas a las latinoamericanas o imaginar realidades al mejor estilo de Harry Potter, que las lleve por el sendero de los conjuros para enfrentar graves problemas sociales como los que se viven actualmente en El Salvador, tales como la corrupción estructural, la delincuencia organizada o la privatización de las pensiones públicas bajo el escudo de la ley aprobada recientemente por la Asamblea Legislativa.

La anterior idea orienta a considerar que probablemente sea la razón de la poca o nula credibilidad que tienen los psicólogos en países como El Salvador, y que también es muy probable que sea la razón de por  qué un chamán tiene más credibilidad, más aceptación que un psicólogo ante las mayorías populares de los países empobrecidos de Latinoamérica.

Para terminar esta pequeña reflexión, se finaliza con un pensamiento punzante de Ignacio Martín Baró (1998) planteado en el libro Psicología de la liberación: “A los psicólogos latinoamericanos nos hace falta un buen baño de realidad, pero de esa misma realidad que agobia y angustia a las mayorías populares” (p.314). Por su puesto este baño, que es un baño salvífico, no sólo orienta a que los psicólogos en América Latina sigan el camino de la realidad a la teoría para producir conocimiento  científico, hacer ciencia psicológica y poder alejarse cada vez más de la práctica chamánica, sino también exige éticamente que los psicólogos, su práctica profesional y la psicología misma se pongan a favor de las mayoría empobrecidas que con el transcurrir del tiempo lamentablemente van siendo más y las van haciendo más empobrecidas, de lo contrario la psicología seguirá siendo elitista y chamánica.

El Salvador, Centroamérica, octubre de 2017.

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