¿Crisis del modelo socialista de siglo XXI o inadecuada representación de él?

Por: Francisco Quintanilla

Basado en los datos que la realidad nos ha ido mostrando a lo largo de por lo menos los últimos ciento diecinueve años y no en una simple fe, he sostenido que las dos concepciones más grandes del mundo y de la vida que han incidido profundamente tanto a nivel del sujeto individual, grupal como a nivel de las estructuras económico sociales, han sido la cristiana y la marxista.

Ambas concepciones, relativamente fáciles de interiorizar mecánicamente difíciles, de asimilar interpretativa y comprensivamente, pero aún mucho más difíciles de convertirlas en convicciones, es decir, de convertirlas en las brújulas que orienten la vida de las personas individuales, grupales y de la vida de las sociedades en su conjunto.

Ambas concepciones por diferentes y opuestas que aparentan ser a simple vista, poseen más similitudes que diferencias. Sólo las mentes profundamente dogmáticas y fanáticas ven en estas concepciones, formas de ver y entender la vida y el mundo, diametralmente distintas.

En ambas concepciones, se encuentra un horizonte, una utopía, sino común, muy similar: en ambas se exige una búsqueda y construcción de la verdad, de la justicia social, la manifestación del despojo de lo material y su repartición entre todos los pobres y más necesitados, se exige también en ambas concepciones el combate frontal no sólo del pecado individual sino que también del estructural, se exige la negación de sí mismo, mediante el sacrifico total, todo en función de la realización de los demás y sobre todo de los más empobrecidos de la tierra, se busca en última instancia en ambas concepciones la liberación integral y total de todos los seres humanos, tanto pobres como ricos, liberándose de la esclavitud que la ambición exagerada por lo material, impone. En ambas concepciones, se exige, por consiguiente, tener y desarrollar una vida modesta, una vida donde todos tengan tanto material como espiritualmente lo mínimamente necesario para vivir dignamente.

Cumplir con las exigencias planteadas anteriormente, define el abismo existente entre la teoría y la práctica, entre el decir y el hacer, entre el decir que se es y lo que realmente se es. Este ha sido el problema mayúsculo entre los que se han hecho llamar cristianos y marxistas o de izquierda. Han tenido suma dificultad o se han resistido a dar este salto, sólo se han quedado en el decir, o como dice el saber popular del “dicho al hecho hay mucho trecho”.

La sociedad y el tipo de persona a la que aspiran ambas concepciones, son diametralmente opuestas a la sociedad concretada y realizada por las personas, instituciones y las grandes corporaciones capitalistas neoliberales. Las personas y las iglesias que caminan en la dirección en que caminó Jesucristo, (que son muy poquísimas), o las personas, organizaciones y movimientos sociales que ponen en práctica la teoría legada por Marx y Engels (que también son poquísimas), constituyen un peligro de gran envergadura para los que tiene el poder económico y político capitalista a nivel nacional y mundial.

Por el contrario, las personas e iglesias que caminan en dirección opuesta donde caminó Jesucristo (que son la inmensa mayoría) o las personas, organizaciones sociales, movimientos sociales y partidos políticos que hacen y han hecho una mala o pésima interpretación y representación de lo que exige la concepción marxista (que son muchísimas), no sólo no constituyen un peligro para los grandes intereses capitalistas neoliberales, sino que son de su agrado, son vistos como sus sobalevas.

En síntesis, ambas concepciones, cristiana y marxista, más que diferenciarse por cómo entienden el origen y creación del mundo y del universo, se asemejan por el tipo de persona y de sociedad a la que aspiran. Dicha aspiración cristiana y marxista vuela en dirección totalmente opuesta a las aspiraciones de los más poderosos económica y políticamente en los escenarios capitalistas.

Al ser totalmente opuestas dichas aspiraciones, cristianas y marxistas, definitivamente, se constituyen en una prioridad para los poderes y para los más poderosos capitalistas, extirparlas, como se extirpa un cáncer o como se amputa una pierna o un brazo o como se debería amputar o extirpar la conciencia.

Partiendo, de estas ideas o presupuestos, se intenta hacer una valoración, lo más libre posible, de fanatismos ideológicos y políticos, de lo que ha pasado y sigue pasando con los gobiernos que han llegado al poder en América Latina con la bandera del socialismo. De no hacerlo así o al menos de no intentarlo de esta manera, se caería en un fanatismo ideológico y político de derecha o de izquierda, que ciega y que impide hacer un análisis lo más objetivamente posible.

Con frecuencia, se escucha o se lee en los diversos medios de “comunicación” o de “información” valoraciones dadas por ideólogos o analistas de derecha y de izquierda, sobre las crisis que están atravesando tanto los gobiernos de derecha como de los de izquierda.

Los de derecha, afirman que la crisis que atraviesan los gobiernos de derecha es responsabilidad de los gobiernos de izquierda en general y del foro de Sao Paulo, y que la crisis de los gobiernos de izquierda se debe a su total ineficiencia y que son gobiernos corruptos, que indica que el llamado socialismo del siglo XXI es un total fracaso.

Los de izquierda, afirman que la crisis que atraviesan los gobiernos de izquierda se debe a las intromisiones del imperialismo estadounidense que “invierte” miles de millones de dólares en hacer que estos gobiernos fracasen, y que la crisis de los gobiernos de derecha se debe a su propia naturaleza de ser un sistema económico social basado en la explotación y en la injusticia social y que refleja que el sistema capitalista está en crisis, que cada vez es más aguda.

En las interpretaciones, que realizan ambos grupos de analistas, se detecta algo de verdad y mucho de mentira, quizá por sus sesgos ideológicos, que los aparta, de los dictados dialécticos de la realidad objetiva en sus manifestaciones históricas y sociales.

Cada grupo de analistas ideológicos y políticos desde sus intereses, muy probablemente pagados, han tratado conscientemente, en la mayoría de los casos, e inconscientemente en la minoría de los casos, de ocultar la realidad, o como diría Ignacio Ellacuría e Ignacio Martín Baró, han ideologizado lo que objetivamente ocurre y ha ocurrido en las realidades latinoamericanas y mundiales.

Nos duela o no, hay que partir de los datos que la cruda y nuda realidad ha ido mostrando. Por ejemplo, lo ocurrido últimamente con el gobierno de Evo Morales en Bolivia. Si bien, es cierto, Bolivia y el gobierno de este expresidente de esta república, tiene o tenía sus propias particularidades, al igual que gobiernos tipificados de izquierda, como los del FMLN que hubo en El Salvador, el gobierno de Correa en Ecuador, el de Lula da Silva y de Dilma Rousseff en Brasil, el de Cristina Fernández de Kirschner en Argentina, entre otros, han tenido por lo menos tres características comunes: una que estando en el poder, se embelesaron de él y se beneficiaron a gran escala económicamente, convirtiéndose en la imagen viva y actuante de lo que combatieron cuando no tenían el poder; segundo, se constituyeron en gobiernos, que se olvidaron de los clamores de todo el pueblo y sobre todo de los más desposeídos, y tercero, se constituyeron, en gobiernos tan o más neoliberales que los de derecha, constituyéndose en instrumentos de las exigencias de dos de los grandes titanes del capitalismo neoliberal: El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Las crisis que sufren los gobiernos de “izquierda” son muy similares a las crisis que sufren los gobiernos de derecha, ambos tipos de gobiernos, no sólo a nivel de Latinoamérica, sino que también a nivel mundial, en el sentido, de que ambos con sus propias particularidades regionales, poseen algo de común, han sido gobiernos, los primeros por su anti naturaleza y los segundos por su propia naturaleza: neoliberales. Lejos de enfrentar y combatir frontalmente el neoliberalismo, han evadido su confrontación y lo han fortalecido.

De hecho, al ser neoliberales ambos tipos de gobierno, son antihumanos, han puesto, al mercado como el centro y el horizonte de su quehacer, y a las personas humanas como satélites que giran en torno a los intereses de los que dirigen el concierto de este mercado, que cada vez es más poderoso para doblegar y exterminar a la humanidad entera y al planeta mismo.

Con todas las particularidades del pueblo Boliviano, que no conozco a plenitud, el gobierno de Evo Morales, para mal de este pueblo, para mal también de las luchas revolucionarias en este sufrido y crucificado continente y lamentablemente para beneficio de los poderes más oscuros del sistema capitalista neoliberal, padeció, de algo que varias organizaciones indígenas le achacan a este gobierno, y es que estando en el poder, se aburguesó, y se olvidó de los intereses y sufrimientos del pueblo mayoritario boliviano.

Este achaque y otros más, aparecen en un pronunciamiento titulado: “Bolivia: No más violencia y que decida el pueblo, con nuevas elecciones y tribunal y observadores electorales plurales. Solidaridad con la lucha indígena y popular por la descolonialidad y contra la agresión estatal y capital”, publicado en diversos medios de “comunicación”, el día 8 de noviembre del presente año, membretado por veinte organizaciones indígenas, entre ellas bolivianas, peruanas y brasileñas.

En este pronunciamiento, se destacan por lo menos tres cosas: una que Evo Morales y su gobierno teniendo el poder se aburguesó y se asoció con la burguesía blanca, cayendo en una corrupción generalizada; segundo, que este gobierno y el partido MAS (Movimiento al Socialismo) son los responsables de reprimir al pueblo mayoritario de Bolivia, y tres que se oponen frontalmente a la intervención de los gobiernos de Estados Unidos, China, Rusia y a la de sus satélites y a que ellos lleguen a beneficiarse de los negocios de Bolivia.

Entonces, de este pronunciamiento y de los hechos y datos de lo que ha ocurrido con varios gobiernos autodenominados como de izquierda, se destaca que, en primer lugar, han padecido de un denominador común, como es poseer una profunda flaqueza en sus convicciones. La riqueza con la que se enfrentaron estando ya en el poder, los venció, los doblegó; en segundo lugar, vencidos por la riqueza, se olvidaron de contribuir a la construcción de una sociedad realmente socialista, donde lo humano sea el centro y el horizonte: la liberación integral y total del mismo ser humano, y en tercer, lugar, que los cambios y las crisis que les anteceden no sólo dependen de las contradicciones de su nación, sino que también de las externas.

De sobra, es sabido que, a lo largo de los últimos cien años, los gobiernos de Estados Unidos han hecho todo lo oscuramente necesario para derrocar todos aquellos gobiernos que no estén alineados a sus intereses. Esto lo documenta en forma esplendida autores como Eduardo Galeano (1986) en el tercer tomo del libro titulado “Memorias de fuego, el siglo del viento”. En este libro, este escritor uruguayo, describe como varios de los gobiernos de distintos países latinoamericanos, fueron derrocados por intervención de los gobiernos estadounidenses. Presidentes que van desde Jacobo Árbenz en Guatemala en 1954, por cierto, el primer presidente derrocado por el gobierno de Estados Unidos, hasta el derrocamiento por este gobierno del presidente de Chile, Salvador Allende en 1973. En este lapso, fueron derrocados otros gobiernos latinoamericanos, que, sin ser socialistas, simplemente por ser progresistas, como el de Jacobo Árbenz, por parte de los gobiernos estadounidenses.

Esos derrocamientos a presidentes no alineados a los intereses del imperio estadounidenses se siguieron y se siguen manifestando, en años posteriores, como por ejemplo el golpe de estado dado al Manuel Zelaya en Honduras en el 2009, así como intentos de darle golpe de estado a Fidel Castro en Cuba y a Hugo Chávez en Venezuela.

La participación de los gobiernos de Estados Unidos en el apadrinamiento de dichos golpes de estado, ha sido más que evidente, sin embargo, esto, no debe de oscurecer a los sentidos ni a la mente humana, para destacar también, que las crisis generadas por los gobiernos llamados de izquierda, que, en última instancia, han terminado siendo tan neoliberales como los de derecha, les han facilitado, les han allanado el camino a los propósitos imperialistas de los gobiernos estadounidenses, de derrocarlos y tener un control absoluto de las riquezas naturales que yacen en estos países.

Las crisis provocadas por las políticas neoliberales por los gobiernos falsamente de izquierda y su enriquecimiento a costa del empobrecimiento del pueblo, las ha aprovechado los gobiernos de Estados Unidos, para agudizarlas, y así como Pilatos, se lavan las manos, afirmando que el derrocamiento o la derrota de los gobiernos de izquierda en procesos electorales se debe solamente a su ineficiencia y corrupción.

Las contradicciones internas producidas, mal manejadas y agudizadas por casi todos los gobiernos de “izquierda” en América Latina, han facilitado que las contradicciones generadas por poderes muy fuertes externos capitalistas logren más fácilmente sus propósitos. En otras palabras, la teoría marxista mal o muy mal representada por los gobiernos autoproclamados de izquierda, les han puesto en bandeja de plata, el plato del poder capitalista neoliberal para que se sirva no sólo con la cuchara mayor, sino con todo el plato.

La decepción popular causada por estos falsos gobiernos de izquierda, y las organizaciones, partidos políticos, y personas que los amparan, han facilitado que terminen estos pueblos renunciando transitoriamente a las aspiraciones socialistas, abriéndole de nuevo las puertas a gobiernos de derecha, como es el caso de El Salvador, Brasil, entre otros.

Esa decepción, no sólo ha posibilitado, que estos pueblos les habrá nuevamente las puertas a los gobiernos de derecha y al imperialismo estadounidense, sino que se corre el peligro, de que dichos pueblos, con su decepción y enojo, con los gobiernos que se hicieron llamar de izquierda, se vuelvan ciegos y sordos, de tal forma, que ni siquiera se den cuenta, que el nuevo gobierno elegido, los haya convertido en marionetas, que se mueven al atojo del marionetista, como está ocurriendo en El Salvador, cuyo gobierno en forma sofisticada, sin que las marionetas se den cuenta y lo cuestionen; va construyendo y fortaleciendo, una especie de dictadura digital o cibernética.

Lo anterior indica, que no es el marxismo, el que no sirve, sino sus actores lo han hecho, como se dijo, muy mal, facilitando, que los mayores ajedrecistas del poder capitalista neoliberal muevan a su antojo y a su conveniencia, las piezas del ajedrez en toda la sociedades nacionales y mundial, mientras pueblos como el boliviano, se siguen matando entre sí.

La aspiración necesaria y legítima de la construcción de una sociedad humana donde exista la justicia social, la solidaridad humana con todos los humanos, donde se sea eficiente para producir pero aún más eficiente para distribuir equitativamente entre todos los seres humanos de este planeta, donde la educación y salud de calidad sea para todos, donde todos tengan derecho a un trabajo digno y dignificante, libre y liberador, donde la liberación integral de todos los seres humanos sea el elixir que se respire y que transite en nuestras venas y en nuestro espíritu, debería seguir siendo la semilla que ha de sembrarse en una tierra fértil, para que algún día más temprano que tarde germine, crezca, florezca y de sus frutos, de no ser así, habrá, la sociedad humana, renunciado a tan preciada e invaluable aspiración revolucionaria por su origen, por su realización y por su finalidad.

Todo lo anterior indica, que las equivocadas representaciones dinámicas de la teoría marxista, por parte de diversos gobiernos mal llamados de izquierda, sólo debe indicar una cosa, que estos actores, se olvidaron de sus convicciones de izquierda, si es que alguna vez las tuvieron, no debe indicar, que el marxismo y la construcción de una sociedad socialista en cada región con sus propias particularidades, es un fracaso, no debe representar, como lo dijo un ideólogo del capitalismo, Francis Fukuyama, que se ha llegado al fin de la historia, y que más allá del capitalismo, ya no hay otro tipo de sociedad, por el contrario hoy más que nunca, se necesita seguir, sobre la base de la realidad, soñando vivamente, en la construcción de esa sociedad, que sigo sosteniendo, que tanto la concepción marxista y cristiana, exige, si este mundo, se desea que siga existiendo.

El fracaso de gobiernos de izquierda ha dado paso a gobiernos de derecha, y el fracaso de estos últimos, van dando paso de nuevo a gobiernos de izquierda, como son los casos de México y Argentina. Estos dos gobiernos, tiene el primero, y tendrá el segundo, una nueva oportunidad, para constituirse en modelos de gobierno de izquierda, que favorezcan real y estructuralmente a sus pueblos y a los movimientos de izquierda en toda Latinoamérica, ya que, de volver a fracasar, indicaría, parafraseando a Gabriel García Márquez, que estarían condenando a sus pueblos, a cien años más de soledad.

14/11/2019

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