Monseñor Romero y «El Chaparral» – Colaboración

Publico, algunas colaboraciones de nuestros lectores, que amablemente las han enviado al correo: hunnapuh@gmail.com
Monseñor Romero

MONSEÑOR ROMERO Y EL CHAPARRAL
Con motivo de la polémica surgida por la represa El Chaparral, con este pequeño fragmento de Piezas para un Retrato, le recuerdo al compañero Funes, -ya que él dijo basar su gobierno en la ideología de Monseñor Romero-, que el Santo de América, nunca estuvo deacuerdo con estas funestas medidas. Ojalá por esta crítica,

Monseñor Romero

el «tovarich» Paul Fortis, no me vaya también a dar el epíteto de «anarquista». ¡ Marxista a mucha honra !.

Lógica Revisionista
«Una crítica a la Unión Soviética
sólo la puede hacer un antisoviético.
Una crítica a China
sólo la puede hacer un antichino.
Una crítica al Partido Comunista Salvadoreño
sólo la puede hacer un agente de la CIA.
Una autocrítica equivale al suicidio».
Roque Dalton

…. LA HACIENDA COLIMA FUE UN CAPITULO de mi niñez allí aprendí a montar a caballo y conocí de aquellas misteriosas fiestas en las que se capaba al toro, y en la que los hombres, solo los hombres, bebían sopa de toro para ser , más machos. En Colima aprendí los nombres de los árboles y jugué feliz de la vida, en las largas vacaciones de muchos veranos.

Colima fue propiedad de mis bisabuelos y después paso a manos de los Orellana, mis tíos. Cuando comenzó la presa del Cerrón Grande, las tierras de muchos colonos que trabajaban para mis tíos, se anegaron, y empezaron interminables conflictos.

Ya en los tiempos de Monseñor Romero, y después de mucha ausencia, un día regresé a Colima con mi esposo, precisamente por la zona del embalse, donde eran peor los pleitos.

El agua iba subiendo de nivel, pero los colonos seguían allí residiendo, y sus familias resistiendo, defendiendo aquellas tierras que no eran suyas, pero que por añales habían sembrado y cosechado con tanto afán para mis tíos. No los reubicaban y ellos no se iban. No les hacían caso a sus reclamos y ellos no se cansaban de reclamar.

– ¡ Ay, Chico Orellana – se lamentaban – hemos nacido en esta tierras y tantos años te hemos trabajado y ahora nos botás como basura! ¡ay Chico Orellana, y ahora donde vamos ir!

En cada casita una tragedia y en medio de aquella confusión, aun recuerdo a una campesina que hasta nos invitó a comer en su rancho. Al rededor todo era agua, los niños estaban abrazados de mosquitos y ella se tragaba las lágrimas, pero sacó de su pobreza y hasta la puso gallina india que nos ofreció sobre un mantelito.

– ¡Estas aguas serán nuestras tumbas pero de aquí no nos vamos!

– ¡Qué ingrato has sido Chico Orellana, de piedra tu corazón!

Hicimos un recorrido. Por todos lados, la misma terquedad y la misma aflicción. Me desbordaron el alma. Al regresar al arzobispado, le contamos a Monseñor Romero:

– El conflicto por el embalse y ahora los operativos militares, están haciendo invisible esos lugares – le dijo mi esposo – Colima va a reventar.

– Monseñor, Colima ya no es lo que era antes – le dije yo con nostalgia.

– ¿Y no será que Colima nunca fue lo que lo que usted creyó…? – me dijo Monseñor.

Cerré mis ojos un instante y volví aquella linda finca de mi infancia, a los caballos lustrosos y a las fiestas…El paraíso de una niña feliz. Pero ahora yo venía de un infierno.

Monseñor me trajo a la realidad con otra pregunta, que era para mí, más allá de mi, para mi familia, para todo lo que ellos representaban:

-¿Y que le parece a usted? ¿Eso es comunismo? Esa lucha de los campesinos por vivir, por quedarse en aquellas tierras, por tener donde trabajar, todo eso, ¿le parece comunismo?

No supe que decirle. Me repitió la misma pregunta.

-¿Es eso comunismo?

(Ana Cristina Zepeda)

Del libro Monseñor Romero Piezas para un Retrato, de María López Vigil, UCA Editores.
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