Bases teóricas y epistemológicas para la construcción de una psicología comunitaria de la liberación

 

Por: Francisco Quintanilla

En este esfuerzo reflexivo sobre el camino escabroso que ha seguido la construcción de una psicología, no sólo alternativa, sino que también, opuesta a la psicología tradicional en general y a la psicología clínica con su modelo clínico, intrapsicológico, descontextualizado y ahistórico en particular, se hace una valoración sobre los aportes teóricos y epistemológicos de cinco profesionales de la psicología en Latinoamérica.

En esta reflexión, se realiza un abordaje general de los aportes del psicólogo panameño, Luis Escovar (sic), de la venezolana Maritza Montero, de la portorriqueña Irma Serrano-García, de la brasileña Silvia Lane y del español-salvadoreño Martín-Baró.

María de los Ángeles Tovar (sic) (2001) dice en su libro “Psicología social comunitaria” que a pesar de que los aportes de Luis Escovar (sic), su metodología es de carácter individual, dio aportes sustanciales para la construcción de una psicología que partiera de las circunstancias en que viven las mayorías de excluidos en América Latina.

Escovar, parte de la idea de que la injusticia social a que se ven sometidos las mayorías populares, reside en la distribución inequitativa del poder social, y que esta distribución injusta del poder social, es una forma de alienación, se expresa en desmotivación, apatía y en un foco de control externo a la persona, quien, es en última instancia, el que controla la vida, el futuro y el destino de ella.

Por la anterior razón, Escovar, concibe, que, a la hora de plantear y realizar intervenciones comunitarias, que más bien son intervenciones de carácter individual, deben ir orientadas a lograr una más justa distribución del poder, que permitan superar todas las formas de alienación, convirtiéndose las personas en autogestores de su propio destino; es decir, la ausencia de poder, es para Escovar, una forma de alienación, que lleva al sujeto individual a desarrollar una especie de fatalismo. Entonces la única forma o la mejor forma, para este autor, de romper con este fatalismo, en su carácter interventivo, es redistribuyendo el poder social.

A partir de esa idea de las consecuencias psicológicas de la ausencia de poder, que son una forma de alienación, Maritza Montero, a pesar de que no está de acuerdo con el abordaje individual que hace Escovar y de que tampoco ubica o inserta a la persona dentro de la macroestructura económica, política y social, elabora su propia construcción teórica, con miras a fortalecer las bases teóricas de la psicología social comunitaria latinoamericana, que es una expresión de la psicología de la liberación.

Montero, a parte, de retomar las consecuencias psicológicas de la ausencia de poder, también se fundamenta en la concepción del materialismo dialéctico e histórico. Fundamentada en esta concepción, sus aportes teóricos para la construcción de una psicología desde el seno de las realidades latinoamericanas, integra a las consecuencias psicológicas enajenantes de la ausencia de poder, las consecuencias psicológicas enajenantes y alienantes de la dependencia económica, política y social de los países latinoamericanos a que se han visto sometidos durante varios siglos.

La incorporación, de estas categorías de la dependencia estructural, posibilita que el marco explicativo de Montero sobre la subjetividad social sea superior al de Luis Escovar.

Maritza Montero, considera que la dependencia y el subdesarrollo que caracterizan a las realidades latinoamericanas, generan en la subjetividad de la inmensa mayoría de latinoamericanos, estereotipos nacionales negativos e imágenes invalidantes, que los lleva a creer que son incapaces de salir por sí solos del subdesarrollo a que los tienen sometidos históricamente, los países llamados desarrollados, los países imperialistas.

Lo anterior, lleva a Montero a plantear que a la hora de desarrollar e impulsar planes de intervención comunitaria, deben ir orientados a superar esas imágenes invalidantes y estereotipos negativos, que en última instancia lleva a los pueblos oprimidos, a desarrollar una concepción fatalista del mundo y de la vida y aceptar sin más la injusta distribución de los recursos que los más poderosos económica y políticamente, les imponen. Al respecto Montero (2004), sostiene en su libro “Introducción a la psicología comunitaria”, que: “El bienestar depende del reparto equitativo de los recursos de la sociedad” (p.5). Pero, para luchar para cambiar las raíces estructurales que genera el reparto no equitativo de los recursos, es necesario incidir en la subjetividad individual y colectiva de los pueblos oprimidos, para que se decidan a transformar radicalmente dichas estructuras.

Otra importante intelectual en el campo de la psicología, que ha aportado teóricamente a la construcción de una psicología comunitaria de la liberación, es la portorriqueña, Irma Serrano-García, quien, para la construcción de su marco explicativo de la subjetividad social, se fundamenta en las categorías principales de Berger y Luckman, sobre la construcción social de la realidad.

A partir de la idea de la construcción social de la realidad, Serrano-García, concibe que dicha construcción se realiza por medio de los procesos de socialización, primaria y secundaria.

Dado que la construcción social de la realidad, es una construcción grupal, a la hora de plantear esquemas interventivos comunitarios, considera que investigadores (agentes externos a la comunidad) e investigados, su relación no es ni debe ser concebida verticalmente sino horizontalmente, donde los investigadores deben estar al servicio de los investigados, de los miembros de la comunidad, que son los que en última instancia construyen su destino. Además, considera Serrano, que la producción del conocimiento además de ser grupal, no puede ser nunca neutro, es decir, no está libre de valores e ideología de quienes lo producen, oponiéndose críticamente, en este sentido a los planteamientos del positivismo.

Serrano-García al igual que Montero, cada una, fundamentada en distintas bases teóricas, construyen un marco explicativo que permite comprender la subjetividad desde una visión estructural, histórica y liberadora, que impulse a las mayorías oprimidas, a ser sujetos activos del cambio social.

Para Serrano-García (2010), en su ensayo “Retos en la formación del psicólogo/a comunitario/a en las américas”, las intervenciones comunitarias deben de facilitar el cambio social, pero no el cambio social impuesto por el/la profesional, por el Estado, sino el cambio social que surge de un proceso de concientización y participación de las personas que componen las comunidades.

Otros aportes importantes para la construcción de una psicología de la liberación, los encontramos en el trabajo teórico de la psicóloga, Silvia Lane, quien, para la construcción de su marco explicativo de la subjetividad social, se apoya en el materialismo histórico y dialéctico.

Lane, considera, que, para lograr una mejor explicación de la subjetividad social, es necesario, aparte de destacar, la inserción de la persona en la estructura económica social de una determinada sociedad, considerar la intersección de la historia individual con la historia social.

En esa intersección de la historia individual y de la historia social, Lane, señala la importancia de poner al descubierto la crisis, las contradicciones de la estructura económica, social y política, proceso en el cual juega papel activo el sujeto individual en su relación con la sociedad, mediada dicha relación, por la acción grupal.

Para el descubrimiento o el poner en evidencia tales contradicciones juegan papel determinante los procesos de concientización y de desideologización.

Desde esta perspectiva concientizadora y desideologizadora, Lane, considera, que, a la hora de realizar intervenciones comunitarias, los investigadores o agentes externos a la comunidad, deben ser nada más, agentes al servicio de los miembros de la comunidad.

Por último, se consideran en esta reflexión, de suma importancia los aportes del psicólogo español-salvadoreño, Ignacio Martín-Baró para la construcción de una psicología de la liberación.

Martín-Baró, se apoyó para la construcción de su marco explicativo de la subjetividad social, tanto en el materialismo histórico y dialéctico como en los postulados de la teología de la liberación.

Basado en estas dos concepciones aparentemente totalmente contradictorias, Martín-Baró, retomó de ambas concepciones categorías que logró integrar genialmente. De la teología de la liberación retomó la opción preferencial por lo pobres, que, en el materialismo histórico y dialéctico, se expresa en la categoría de las clases oprimidas en general y de la obrera en particular; con esta primera categoría, vincula también el enfrentamiento que se hace en la primera concepción de los ricos frente a los pobres, que el materialismo histórico y dialéctico, se expresa en el método del conflicto, es decir, de la lucha de clase sociales.

La idea de la lucha de clases que Marx, concibe como el motor principal que ha hecho que la sociedad se mueva en una u otra dirección, Martín-Baró, la retoma para explicar y dejar más al descubierto las enormes disparidades entre ricos y pobres en países subdesarrollados como El Salvador; disparidades cuyo distanciamiento se vuelve cada día más grande, aun a pesar, de que El Salvador, está siendo gobernado por un nuevo presidente de un nuevo partido, que generó ilusiones esperanzadoras en las mayorías de este país.

Martín-Baró, también retoma otras categorías de pensadores de otras áreas del saber, pero que, de alguna forma, tenían sus raíces hundidas en el marxismo. Dentro de estos pensadores, se encuentran Paulo Freire (pedagogo) y Orlando Fals Borda (Sociólogo).

De los aportes de Freire, asimiló, sobre todo los procesos de concientización y de Borda, la metodología de la Investigación acción-participación (IAP).

El concepto o proceso de concientización, Martín-Baró lo integra y complementa dinámicamente con el proceso de desideologización, a que también hace alusión la psicóloga brasileña Silvia Lane, ya que todo proceso de desideologización conduce a mayores niveles de concientización, y una mayor concientización genera mayor capacidad de desideologizar la realidad, de descubrir la realidad.

En Martín-Baró, la toma de conciencia de la realidad, es decir, la toma de conciencia de las causas estructurales de la pobreza y de la injusticia social por parte de las mayorías populares, se logra fundamentalmente por medio de los procesos desideologizadores, mediante los cuales se combaten los procesos ideologizadores, ocultadores de la realidad, pero que también, deben de posibilitar, denunciar las realidades injustas y corruptas, y anunciar la construcción de nuevas realidades donde prevalezca la justicia social y la liberación de las mayorías populares.

En cuanto a la metodología IAP, Martín-Baró, la retoma en franca oposición a la concepción positivista, quien al considerar por una parte, que lo único que se puede investigar científicamente es lo que se puede observar y medir, deja de lado, lo no observable directamente, como es la subjetividad individual y social, y que por otra parte, considera que todo conocimiento tiene que ser neutro, aséptico, libre de valores e ideologías, olvidando que quien produce el conocimiento, tiene valores, tiene ideología, y que es imposible que el conocimiento producido, este totalmente libre de tales valores e ideología.

También Martín-Baró, retoma la IAP, para destacar y reconocer, que la gente pobre y sencilla es un sujeto individual y comunitario, activo capaz no sólo de producir conocimiento, sino que también, capaz de construir su propio destino mediante procesos autogestores y participativos.

Martín-Baró, al asimilar e integrar en forma crítica, creativa, genial y éticamente los conceptos principales de la concepción materialista histórica y dialéctica, con los de la concepción cristiana (Teología de la liberación), y además integrar en su marco más que explicativo, comprensivo, de las realidades latinoamericanas, los conceptos principales de la teoría de Freire y de Borda, logró aportar sustancialmente, como lo pretendieron y pretenden Luis Escovar, Maritza Montero, Irma Serrano García y Silvia Lane, a la construcción de las bases fundamentales teóricas, epistemológicas y éticas de la psicología de la liberación.

A casi treinta y un años del asesinato de Martín-Baró, y a catorce años de la muerte de Silvia Lane, la construcción de una psicología de la liberación, de una psicología que se construya desde las propias entrañas de las realidades latinoamericanas, continúan siendo al igual que antes o más que antes, un reto para los profesionales de la salud mental que quieran tomar distancia crítica y creativa de aquel tipo de psicología que lejos de contribuir a desideologizar la realidad, la ideologizan, la encubre, todo con el propósito de favorecer los intereses de las clases sociales dominantes, de las clases productoras de una profunda y galopante injusticia social y tomar de una vez y para siempre, la opción preferencial por los pobres, más excluidos y más marginados del planeta tierra.

Se cierra esta reflexión, con palabras vivas, vivificantes y cargadas de un fuerte compromiso profesional y humano, de Martín-Baró, quien sostuvo, en el capítulo “La liberación como horizonte de la psicología”, del libro “La psicología de la liberación” (1998) que: “Debemos liberar a la Psicología de aquellos lastres teóricos y técnicos, que la marginan de los justos anhelos de las mayorías populares; debemos liberarnos nosotros, psicólogos latinoamericanos, de todas aquellas trabas que nos impiden ponernos al servicio de nuestros pueblos oprimidos y ofrecer lo mejor de nuestra capacidad científica para la transformación de nuestras sociedades” (p.338).

En el contexto actual latinoamericano en general y salvadoreño en particular, de profunda injusticia social y de un profundo engaño y encubrimiento de la realidad, de las causas estructurales de la injustica social, continúa, el reto y compromiso de contribuir desde la especificidad de la psicología a la liberación de nuestros pueblos oprimidos, la cual pasa por la liberación del psicólogo (a) y de la psicología. Esta liberación de los psicólogos latinoamericanos, comienza a juicio Martín-Baró (1998), “porque nos demos un buen baño de realidad, pero de esa realidad que agobia y angustia a las mayorías populares”.

10/10/2020

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