‘Sexting’. El teléfono arde

sexting Lo practica uno de cada cinco adolescentes de EE UU y es habitual entre los jóvenes españoles. Se ponen a cien a base de enviar fotos. A algunos, como al marido de Eva Longoria, la broma les ha costado el matrimonio

Por: FRANCISCO APAOLAZA
Enviado por BetotroniK
El 20% de los adolescentes norteamericanos de entre 13 y 19 años confiesan enviar por el teléfono y por Internet fotos con contenido erótico en las que aparecen ellos mismos desnudos o semidesnudos, según adelanta un estudio de 2009 de la Campaña Nacional contra el Embarazo No Deseado en Estados Unidos.
PAQUI L. TORRECILLAS PSICÓLOGA

«Los chavales se conocen, se pasan el móvil y se envían fotos. Si se gustan, acuerdan un encuentro. Antes se quedaba para un café, ahora se enseñan los pechos».

Los amantes de poner nombres en inglés a las cosas de los humanos le llaman ‘sexting’. Mezcla sexo y ‘text’ (SMS), aunque defina lo que comúnmente se conoce como mandarse mensajes guarros, una práctica al alza en el mundo y que está aumentando la tasa de divorcios.
Infieles ha habido siempre, pero hasta ahora nunca tantos habían tenido en sus manos teléfonos con una cámara de cinco megapíxeles. Si se le suma la calentura del dueño -o la dueña- del terminal, el desastre está casi asegurado. Le ha pasado a Tony Parker, el jugador de los San Antonio Spurs. El mulato se ponía tibio vía SMS con la mujer de un compañero de equipo. Dicen que hubo más que palabras, imágenes. Más carne y menos ropa. Su mujer lo pilló con las teclas en la masa y le ha puesto las maletas en la calle después de tres años de matrimonio y varios meses de cuernos GSM. Era Eva Longoria. Victoria Beckham, esa mujer tan solidaria, le ha organizado una fiesta pijama entre amigas para animar a la chica; a Parker ya le llaman en la Red «el hombre más tonto del mundo».
Parker no ha sido el único en buscarse un lío por enviar imágenes calentitas por el teléfono, un asunto peligroso sobre todo si al protagonista le pilla in fraganti su santa esposa, como le ocurrió a Tiger Woods, cuya amante publicó en Internet cientos de mensajes que abrieron la caja de los truenos de las adicciones sexuales del golfista golfo.

Estos son dos ejemplos de cómo la afición a la carne por mensajes ha sido cosa de gente adúltera. Hay de todo. La cantante y actriz Hillary Duff, modelo de la pareja perfecta en el ‘showbusiness’ norteamericano, ha confirmado -para regocijo de los blogs de cotilleo de Hollywood y la envidia desmedida de sus admiradores- que juega al ‘sexting’ con su marido, el jugador de hockey Mike Comrie. Lo hace para mantener la relación «interesante y divertida». Se casaron en mayo.
Algunos no perdieron la pareja, pero sí la vergüenza. En el primer puesto de la larga lista de los que quedaron mal, Vanessa Hudgens, una jovencita de 22 años con el encanto suficiente como para ser la estrella de ‘High School Musical’ y la ingenuidad necesaria para mandarle a su novio una colección de fotos en cueros que duraron en la intimidad de sus aparatos lo que un caramelo en la puerta de un colegio. En la malvada web hay quien dice que gana con ropa. La propia Miley Cyrus -hoy veinteañera castigadora y antes Hannah Montana de Disney- sabe de qué va el tema. Alguien ‘hackeó’ su teléfono y encontró su secreto. Publicó en la web algunas instantáneas en ropa interior que la cantante -con morritos sugerentes y cara de buena-, había enviado a su novio sin saber que se las enviaba al mundo entero. Hannah posa aún en Google.

Al margen de la anécdota rosa, el asunto puede ser más grave, pues en la Red se termina mercadeando con la imagen del cuerpo de inocentes. En Internet proliferan las páginas en las que aparecen miles de fotos de novias, mujeres, maridos y otros asuntos que un día quisieron tener un momento de intimidad y que acabaron en el internet por el despecho, la venganza o la fanfarronería.
Con los adolescentes hasta las trancas de hormonas y armados con un móvil con cámara, era cuestión de tiempo que el ‘sexting’ se extendiera como el fuego.
En Estados Unidos sucedió hace tiempo. El año pasado ya habían saltado las alarmas. Tanto, que en Norteamérica enviar una fotografía de contenido erótico de o a un menor es tráfico de pornografía infantil y se castiga con penas de cárcel. China, el mayor operador de telefonía móvil del mundo, ha comenzado a cortar la línea de aquellos que envían «SMS indecentes o de contenido sexual».

En Facebook hay incluso una página con miles de seguidores en contra de esta práctica, aunque no todos están de acuerdo. La joven norteamericana Leyton Pieke comenta en su perfil que encuentra «estúpido» que sea ilegal. «Comprendo que no está bien mandar una foto tuya a un violador de 50 años, pero si es a tu novio, es tu problema. Es legal que las estrellas del porno tengan vídeos sexuales en Internet, pero los adolescentes no tenemos derecho a enseñar nuestro cuerpo si estamos orgullosos de él». Según un estudio de la Campaña Nacional contra los Embarazos no deseados de EE UU, uno de cada cinco adolescentes de entre 13 y 19 años admitía enviar por la web y el teléfono imágenes de contenido erótico en las que aparecían ellos mismos.

La tragedia

sexting2 El ‘sexting’ no deja de ser un juego sexual como cualquier otro, si no fuera porque resulta peligroso como una granada sin anilla. La cuestión es que el que hace la foto pierde absolutamente el control sobre ella cuando la envía.
He aquí una historia límite: Hope Witsell, de Ruskin, en Florida, tenía nombre de esperanza y un futuro negro. Le gustaba un chico de su clase. Todo por amor. Accedió a enviarle una fotografía por móvil de ella con los pechos al aire. Mala idea o mala suerte… Alguien difundió su imagen entre los alumnos de su instituto. «Miles de personas hablan de mí a mis espaldas y me llaman guarra», escribió Hope en su diario. Al día siguiente, su madre se la encontró muerta, colgando ahorcada en su habitación.

Tenía 13 años.

La historia de Hope es un caso aislado, aunque da una medida de cómo el ‘sexting’ puede estar relacionado con otras amenazas a menores por internet como el ‘ciberbullying’ (acoso ‘on-line’) o el ‘grooming’ (chantajes a través de redes sociales a cambio de sexo).
En España no hay cifras, pero sucede a diario. «Enviarse imágenes por móvil es parte de la vida de los adolescentes». Habla Paqui López Torrecillas, psicóloga del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico que dibuja un panorama que a muchos les resulta de ciencia ficción. Agárrense los padres de quinceañeros: «Los chavales se conocen en sus ambientes y se pasan el móvil y la dirección de Tuenti. No se lían necesariamente esa noche, sino que muchos se pasan fotos más o menos calientes con la gente que han conocido». Ahí entra en juego el marketing: «El cuerpo es un objeto sexual que funciona en un mercado. Ven lo que más les conviene, los que les aceptan y entonces quedan para un encuentro en persona». Eso que antes se llamaba salir a tiro hecho.
Al margen de que suceda en adolescentes, pasarse fotos más o menos insinuantes es una manera de «exhibir, provocar y generar deseo sexual» en una época en la que «importa más la imagen que el lenguaje». Lo quieren «aquí y ahora», por eso «no se invitan a tomar un café, sino que directamente se enseñan los pechos».

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