Sócrates, Jesucristo y su carácter desideologizador. Parte I

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Por: Francisco Quintanilla

Casi todo instrumento o herramienta creada por el ser humano puede ser utilizada para hacer el bien o para hacer el mal, para procurar descubrir y construir la verdad, o para construir y fortalecer la mentira, para alcanzar y realizar la justicia o para alcanzar y realizar la injusticia social.

En la reflexión titulada “La sociedad virtual y el analfabetismo estructural”, reflexioné sobre una herramienta, la tecnología de los celulares y sobre las “redes sociales” que esta tecnología ha posibilitado en el seno de la sociedad nacional y mundial humana. Esta herramienta como muchas puede servir para ayudar a buscar la verdad o para sustituirla por la mentira, para hacer el bien o hacer el mal, para luchar por la justicia social o por la manutención de la injusticia social.

Sin embargo, la consecución de uno u otro propósito, no se puede valorar o entender, analizando por sí misma y en si misma esta tecnología y las redes sociales. Un mayor y más profundo entendimiento, es posible lograrlo si se ubica en el contexto social e histórico en el cual se ha desarrollado esta herramienta y esa forma de “interacción comunicativa” (las redes sociales).

El contexto histórico en que se desarrolla esta tecnología y esa forma de interacción comunicativa, es el del capitalismo neoliberal, donde las potencias más fuertes, y sobre todo la más fuerte, a fuerza de imposición ha homogenizado su estilo de vida que además de injusto e inhumano, es consumista. Necesita, por tanto, que la inmensa mayoría de la humanidad, sino toda la humanidad, se vuelva consumista como ovejas o ganado en un pastizal, que además de consumir, se vuelven, sin que tengan muchas veces conciencia de ello, en objetos de consumo. Es decir, se preparan o los preparan para ser consumidos por la lógica trituradora de la maquinaria capitalista.

El consumo masivo y constante por parte de los sujetos consumidos, es una de las tantas condiciones sine qua non para que el sistema capitalista en su estado neoliberal se fortalezca, es decir, necesita sacrificar, sangrar a la inmensa mayoría de la humanidad, para fortalecerse, como se fortalecía el mítico personaje de Hollywood, el Conde Drácula con la sangre de las víctimas.

La valoración y análisis de la tecnología, las redes sociales y el capitalismo neoliberal, se hará en este documento a la luz del análisis comparativo entre la vida del gran filósofo Sócrates y del hijo directo de Dios, Jesucristo. Análisis que no es de tipo teológico, sino filosófico, el teológico se lo dejamos a los especialistas en esa materia.

La vida de Sócrates como su propósito en el paso por este mundo, es muy parecida a la vida de Jesucristo.

Sócrates nació aproximadamente 450 años antes que Jesucristo, al igual que éste, nació y vivió en una familia de pobres, y dado esta condición empezó a recibir una educación limitada, ordinaria, junto a su padre primero picando piedra y luego como albañil, antes de convertirse en el filósofo que se conoce en el mundo de la filosofía.

De acuerdo a lo que se conoce de este filósofo por medio de lo escrito por su mejor discípulo, Platón en el libro “La apología de Sócrates”, la vida de Sócrates se orientó a fomentar y ayudar a comprender objetivamente lo que es la justicia, el amor, la virtud y el conocimiento pleno del ser humano mismo por él mismo.

De acuerdo a Platón, Sócrates pensaba que la ignorancia era la principal causante de todos los vicios, y que nadie es capaz de desear el mal, creía que todo el que conociera el bien actuaria de manera justa y transparente.

A Sócrates se le acusó de corromper a los jóvenes y de dudar de la existencia de los dioses de su época. Por esta razón los enemigos principales de Sócrates, los sofistas, lo consideraron un sujeto peligroso para la estabilidad del estado griego.

Lo peligroso de este filósofo residía fundamentalmente en la capacidad de hacer pensar críticamente a los jóvenes, a esto sus enemigos le llamaban corromper a la juventud.

En sus dos famosas máximas: Conócete a ti mismo y Yo sólo sé que nada sé, Sócrates, reflejaba la inversión en el proceso del conocer que los filósofos que le habían precedido habían establecido. Antes de Sócrates los filósofos consideraron que el sujeto que conoce debe primero conocer el mundo externo, el universo y después a él mismo. Con Sócrates, el que conoce debe conocerse primero así mismo y luego intentar conocer el universo, el mundo externo.

Esa forma de entender la relación entre sujeto cognoscente y el objeto del conocimiento, llevó a Sócrates, a que lo principal de su filosofía se orientara a fortalecer el mundo espiritual antes que el material del ser humano. Esta cualidad de Sócrates y de su forma de hacer filosofía queda constado en una idea del libro La Apología de Sócrates, en él, se sostiene que obrar justamente le es de mayor utilidad al hombre precisamente porque a través de ello consigue su felicidad. Esto da la pauta para una jerarquía de valores: no es la vida ni la muerte, ni el honor, la fama o el dinero lo que importa, sino el obrar moralmente, justamente.

La capacidad que tuvo Sócrates, de potenciar el mundo espiritual de los demás como de sí mismo, lo condujo, a tener la capacidad de liberarse de la esclavitud que lo material provoca. Fue en toda su plenitud uno de los hombres más libres que la historia humana ha parido.

Sócrates no estuvo dispuesto a sacrificar su libertad para que sus enemigos y los que tenían el poder económico y político de su época lo dejaran vivir, prefirió aceptar la condena a muerte que le impusieron antes que renunciar a ser libre para filosofar, incluso hasta en el momento de su muerte.

Por otra parte, aproximadamente 450 años después de Sócrates, nació y vivió el hijo directo del Dios de los hebreos, Jesucristo.

Jesucristo, también al igual que Sócrates nació, vivió, predicó y murió en la pobreza. Jesucristo, el mesías, el ungido, también fue considerado, por los poderosos de su época, por los fariseos e hipócritas, como un sujeto peligroso, que pervertía a todos los que le escuchaban sus predicas.

El mesías, orientó sus predicas a fortalecer el mundo espiritual de todos aquellos que lo escuchaban, ya que, fortaleciendo dicho mundo, tendrían más capacidad de entender el mundo que les rodeaba, y aumentar su capacidad y fortaleza de combatir el pecado personal como el estructural.

Esta capacidad de entusiasmar a poblaciones enteras para que al fortalecer su mundo espiritual aumentaran su capacidad de combatir el pecado personal como el estructural, así como la capacidad de predicar no sólo con la palabra sino con sus acciones, como por ejemplo cuando sacó a todos los mercaderes del templo, a todos los poderosos económicos de su época, le granjeo el ser condenado a la muerte.

Entre Sócrates y Jesucristo se puede encontrar muchas similitudes e incluso en aparentes diferencias, se descubre ella también similitudes.

Ambos además de que nacieron, vivieron, actuaron y murieron en la pobreza, su educación y formación inició en el desempeño de un trabajo de obrero, el primero como albañil y el segundo como carpintero.

Ambos, fueron considerados como sujetos peligrosos, por el pecado de enseñar a pensar críticamente sobre todo a los más débiles, a los más pobres.

Ambos se enfrentaron a los más poderosos tanto económica como políticamente, poniendo al descubierto la injusticia social que se derivaba de éstos.

Tanto Sócrates como Jesucristo utilizaron métodos o herramientas muy peculiares para transmitir sus enseñanzas y contribuir sobre todo a que los más débiles, los más olvidados por los que tenían el poder económico y político, pudieran descubrir en ellos la capacidad de transformarse ellos mismos como condición para transformar las estructuras injustas de la sociedad. El primero utilizó los métodos de la ironía y la mayéutica y el segundo el de las parábolas.

Estos dos grandísimos personajes de la historia humana con sus métodos aparentemente distintos, casi siempre o nunca contestaron las preguntas que les hacían con respuestas sino con otras preguntas o con afirmaciones que hacían tomar la pregunta como una respuesta en sí misma.

Ambos hicieron la diferencia entre la ley divina y la ley humana, y aún por injusta que fuera en un momento determinado la ley humana, se sometieron a esta ley. Por ejemplo, lo expuesto en un texto bíblico: “Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22: 15-21). O Cuando los amigos de Sócrates le ofrecieron escaparse para no someterse a la ley humana, que, amparándose en ella, sus enemigos lo condenaron a morir, Sócrates, no aceptó y prefirió someterse a la ley humana, aunque esto suponía su muerte.

Hasta sometiéndose a la ley humana y muriendo en su cumplimiento, ambos, de nuevo transmitieron una enseñanza: demostrar aun hasta con su muerte, lo injusto de esas leyes, que sólo se aplicaban con rigor como en la actualidad, únicamente a los más pobres.

Por sus predicas filosóficas y teológicas, ambos, fueron condenados a morir. Sócrates a beberse la cicuta y Jesucristo a la crucifixión. La condena a muerte de ambos, también fue legitimada por una turba ciega y sorda, que creyendo ver y oír, no se percataron que eran ciegos y sordos.

He escuchado con frecuencia a varias personas hombres y mujeres que se hacen llamar cristianos, cuando hablan de filosofía y de los filósofos, dicen que este saber es pura paja, no se percatan por la cortina de la ignorancia pura que nubla su entendimiento, que no sólo Sócrates y personas como él, sino que también Jesucristo a su manera fue un gran filósofo, que practicó y difundió una especie de filosofía teológica, una filosofía de la trascendencia.

Sócrates y Jesucristo asumieron su credo no simplemente como una forma de hablar, sino ante todo como una forma de vivir. La filosofía y la teología fueron para ellos un estilo de vida, donde su forma de obrar coincidía simétricamente con lo que decían. Obrar y hablar, eran en ellos la misma cosa. De aquí un precioso versículo bíblico que en síntesis dice: “Por los frutos los conoceréis” (Mateo: 15-20). Es decir, a una persona se le juzga no por lo que dice, sino ante todo por lo que hace. Sócrates y Jesucristo fueron juzgados y condenados por las dos cosas ya que ellos hablar y obrar eran la misma cosa.

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