Otra masacre en los Estados Unidos. Armas libres y problemas sociales.

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Apenas a cinco meses de la conmoción causada por la denominada “Masacre de Aurora” en la que un joven estudiante de neurociencias, asesinó a una docena de personas en una sala de cine donde se estrenaba la última entrega de la serie de películas de “Batman”, en un colegio de Newtown, en Connecticut, se da una nueva y masacre de dimensiones mas horrendas pues las víctimas son niños entre 6 y 7 años además de adultos hasta sumar 27 asesinados por un joven de apenas 20 años, aparentemente aquejado de un tipo de disfunción social o autismo que perpetró la masacre con las armas legalizadas de su madre que previamente fue asesinada por su mismo hijo antes de dirigirse al colegio en donde forzando su entrada disparó contra niños indefensos para quitarse la vida al escuchar las sirenas de la policía.

En medio de la conmoción causada por este asesino, apenas 24 horas después un hombre armado entró a un hospital de Birmingham, Alabama y disparó contra los guardias y lesionó a otras dos empleados del hospital mas antes de ser abatido por los agentes de seguridad y en Oklahoma, la policía capturó a Sammie Eaglebaear Chávez, menor de edad y estudiante, que planificaba realizar una matanza en un colegio cercano. El menor tenía una pistola Colt 45 y había estado buscando en internet la forma de obtener explosivos.

En Uruguay un joven de 18 años que aparentemente pensaba suicidarse, “inspirado” en la reciente matanza de Connecticut, cambió sus planes de simplemente pegarse un tiro en la cabeza, por la de hacer una masacre similar y luego de buscar infructuosamente una escuela con niños, que encontró pero cerrada y sin nadie dentro, entró a una clínica privada y estando en los servicios sanitarios,  comenzó a disparar y salió a los pasillos disparando pero sin herir a nadie y la policía lo pudo detener sin que hubiesen mayores víctimas.

Viendo un cuadro de estadísticas vemos que solo en el 2012 ya van 5 masacres en los Estados Unidos, 28 feb. 2 estudiantes en un instituto de Ohio, 2 abr. siete personas en una universidad de Oakland (California), 20 julio 12 muertos en Aurora, Colorado, 5 ago. siete personas en templo sij, Milwakee y la del viernes pasado en Conneticut 27 personas, entre ellas 18 niños menores de 8 años.

Algo grave está pasando en nuestras sociedades y no solo en los Estados Unidos, pero se alimenta especialmente de la libertad de portar un arma y es algo que los estadounidenses no quieren entender ni aceptar, quien porta un arma es un asesino en potencia. De nada sirve la madurez, la ecuanimidad o la sabiduría del portador, en un momento de cólera o de miedo, simplemente se acciona y comienza algo que ya no se puede detener, sin que valgan de nada arrepentimientos o mea culpas.

Un portador de armas es alguien que no tiene ni el entrenamiento, ni el acondicionamiento para utilizar un arma, pero que igual que un soldado, puede matar a la menor provocación, pues el arma le proporciona al portador un sentimiento de seguridad, de invulnerabilidad y de poder que eventualmente embriaga al portador.

Algo grave está pasando en nuestra sociedad, que va mas allá de la simple locura aislada de individuos, la sociedad está alienando a sus miembros, nos caen de manera indirecta mensajes de odio, racismo, machismo y apologías a la violencia desde los medios de comunicación, y sumado a esto el libre acceso a las armas de algunas sociedades (como la salvadoreña), ponen en peligro a la comunidad y el criminal asesino ya no es el narcotraficante, el pandillero, el mafioso, sino el vecinito tranquilo que no se mete con nadie y es capaz de conseguir rifles de asalto en un supermercado.

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3 comments for “Otra masacre en los Estados Unidos. Armas libres y problemas sociales.

  1. Juan D.
    17/12/2012 at 6:38 pm

    A pesar que no estoy a favor de las armas doy un dato importante, países con más armas por cabeza que Estados Unidos, como Suiza y Finlandia, no tienen este tipo de episodios. Es más la cultura de violencia e individualismo extremo lo que sirve de detonante a personas desequilibradas.

  2. Arturo
    19/12/2012 at 8:03 am

    Interesante Artículo de Jon Lee Anderson que aporta al debate:

    ¿Qué hace falta para que una sociedad se asquee de su propio comportamiento y cambie? Se puede preguntar esto sobre el poder y la represión política –y también sobre específicas patologías nacionales. ¿Cuándo comprendió la mayoría boer de Sudáfrica que el apartheid era censurable? ¿Y los blancos del Sur norteamericano? ¿Cuándo detendrán los japoneses a sus balleneros, comprendiendo al fin que su persistencia ha causado repulsión y oprobio internacionales? ¿Cuándo comprenderán los británicos que la borrachera pública –una práctica internacionalmente asociada, ahora, con ellos como nación—es algo de que avergonzarse? ¿Cuándo comprenderán los norteamericanos que nuestra sociedad es inaceptablemente violenta, que esa es la forma en que nos ve el resto del mundo y que mucha de esa violencia está asociada con las armas? ¿Será con la masacre de la Escuela Elemental de Sandy Hook? ¿Dónde está el umbral de nuestra conciencia?

    Pocos años atrás, los británicos encontraron su propio umbral –respecto de las armas–, después de un acontecimiento no muy diferente de la desgarradora tragedia de Newtown, Connecticut. El 13 de marzo de 1996, en la pequeña ciudad escocesa de Dunblane, un hombre de 43 años, Thomas Hamilton, entró en una escuela primaria con cuatro armas de mano y abrió fuego, matando metódicamente a 16 niños y a un maestro antes de suicidarse. La masacre, sin precedentes de niños condujo, en dos años, a una legislación que impuso una prohibición total sobre la propiedad privada de armas de mano en el Reino Unido. Hoy, nadie allí puede poseer una, ni tampoco un arma semiautomática (Hay excepciones para algunas armas históricas y antigüedades, y la prohibición no incluye a Irlanda del Norte). No hubo demasiadas vueltas ni debate acalorado respecto de la ley. Se discutió y aprobó con apoyo público abrumador, en respuesta a la vergüenza y el dolor nacionales por las muertes. Todavía hay violencia en Gran Bretaña. En años recientes, ha habido un inquietante brote de violencia entre adolescentes en las grandes ciudades. Buena parte está relacionada con pandillas y casi toda involucra cuchillos. Los cuchillos no son difíciles de obtener, pero matan mucha menos gente que las armas de fuego.

    Después de la masacre en el cine de Aurora, Colorado, el periódico Guardian sacó las cuentas, comparando los homicidios con armas de fuego en los Estados Unidos y en Inglaterra y Gales en un año: 9.146 contra 41. Aun tomando en cuenta las diferencias de población, las tasas de homicidio con armas de fuego cada 100.000 personas son de 2,97 contra 0,7. En China, donde la propiedad privada de las armas también está prohibida, pero donde la alienación social está claramente convirtiéndose en un problema mayor, ha habido un preocupante número de ataques recientes de hombres desquiciados que blandían cuchillos en escuelas de niños. El viernes (14 de diciembre de 2012), de hecho, según escribió Evan Osnos, en un incidente con muy precisas similitudes con la masacre de Newtown, un joven entró en la Escuela Primaria del Pueblo de Chenpeng, cerca de la ciudad de Xinyang, al sur de Beijing, y atacó a los niños con un cuchillo cuando llegaban a la escuela. Veintidós niños resultaron heridos antes de que el asaltante, del que se dijo que era un hombre de 34 años, fuera sometido y arrestado por la Policía —pero no hubo muertes. Si hubiera utilizado un arma de fuego, probablemente la mayoría de esos niños estaría muerta.

    Un acalorado debate sobre legislación de control de armas se ha desatado a raíz de la masacre de Sandy Hook. Pero si los patrones previos sirven para algo, es improbable que algo cambie en los Estados Unidos. ¿Qué hará falta para que una mayoría de norteamericanos comprenda que tiene un problema nacional que necesita ser atendido en forma urgente? Hemos perdido cuatro presidentes a manos de tiradores en nuestra corta historia como nación, y casi perdido varios otros. La prometedora carrera de la congresista de Arizona Gabrielle Gifford fue acabada por un tirador que le disparó en la cabeza, mató a otras seis personas e hirió a otras trece. Ahora, Gifford pasa sus días en terapia, intentando recuperar capacidades básicas como el habla y la vista, ambas severamente afectadas por sus heridas.

    Pero los norteamericanos parecen tomar los disparos sobre sus políticos como algo normal. ¿Acaso otra masacre en una escuela, mucho mayor, provocará el cambio? Si los números alcanzan una escala verdaderamente épica –una escala americana–, quizás suficiente gente diga, al fin, “ya es suficiente”. Si alguien mata a cien escolares en un solo día con armas de fuego, ¿aceptará una mayoría de norteamericanos imponer restricciones sobre ellas? ¿Cuál es nuestro umbral para la vergüenza?

  3. Filiberto
    21/12/2012 at 3:14 pm

    Las cosas no van a cambiar en ese país mientras no regulen el control de armas.

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