Lo que se avecina. 2–El estímulo de la demanda

Una crisis no resuelta

 

Paul Krugman: fue galardonado con el Premio Nóbel en 2008.
Es profesor de Economía y Relaciones Internacionales en la
Universidad de Princeton y columnista del New York Times;
su obra más reciente es End This Depression Now!

EN LA MITAD de la segunda década del siglo XXI, el problema más grande que enfrenta la economía mundial —o al menos los países relativamente ricos— es un problema que a muchos economistas jamás se nos ocurrió que veríamos.
Por primera vez desde los años treinta, el mundo parece estar sufriendo de una falta persistente de demanda adecuada; simplemente la gente no está gastando lo suficiente como para usar la capacidad productiva que tenemos.
Este problema supuestamente estaba resuelto: había aquejado a nuestros abuelos, y no se iba a repetir. Pero se repitió, y la solución no está clara.

Veamos algunas cifras crudas. Si tomamos el agregado “economías avanzadas” que el FMI usa en la base de datos de su informe Perspectivas de la economía mundial (informe WEO), vemos que el PIB real combinado de estas economías creció 18% entre 2000 y 2007. Las proyecciones hechas en aquel entonces apuntaban a que el crecimiento a mediano plazo continuaría a una tasa similar.
Sin embargo, ahora parece que las economías avanzadas habrán crecido apenas 6%, aproximadamente, entre 2007 y 2014; es decir, un 10% menos de lo que considerábamos como la tendencia.

Hay que reconocer que el argumento general es que el volumen efectivo de capacidad económica ociosa es mucho menor; según la misma base de datos, la brecha del producto actual del agregado “economías avanzadas” es apenas 2,2%.
Pero sería una gran equivocación tomar la pequeña brecha del producto estimada como indicio de que la política económica no está fracasando, por dos razones.

Primero, no sabemos realmente a qué distancia estamos operando por debajo del máximo de capacidad. Las grandes caídas de la participación en la fuerza laboral estadounidense o de la productividad británica, ¿son seculares, es decir a largo plazo, o son cíclicas, es decir, son consecuencia de que la gente deja de buscar trabajo porque no ve oportunidades?

La estabilidad de la inflación a niveles bajos, ¿es muestra de que la economía está operando casi a plena capacidad o se debe a que los trabajadores no están dispuestos a aceptar recortes salariales (con lo cual la curva de Phillips —la relación históricamente inversa entre las tasas de desempleo y las correspondientes tasas de inflación— resulta plana a un bajo nivel de inflación)?
Nadie lo sabe, y sería trágico aceptar un producto bajo y un desempleo elevado como inevitables cuando en realidad podrían ser sencillamente un reflejo de la insuficiencia de la demanda.

Segundo, si el crecimiento del potencial productivo ha disminuido tanto como lo sugieren las estimaciones, lo que estamos viviendo son los pronunciados efectos a largo plazo de problemas económicos que supuestamente son a corto plazo: haber permitido que echara raíz una recesión mundial profunda parece haber conducido, con el correr del tiempo, a un enorme deterioro de las perspectivas económicas a más largo plazo.
Esto implica, a su vez, que sustentar una demanda adecuada es tremendamente importante, no solo a corto plazo sino también a largo plazo.

Por ende, estimular la demanda debería ser una prioridad urgente. Lamentablemente, lo que hemos aprendido desde 2007 es que las instituciones encargadas de formular la política económica no están en absoluto bien preparadas para enfrentar déficits de demanda grandes y sostenidos.

Durante la Gran Moderación —como los economistas estadounidenses James Stock y Mark Watson han denominado a la disminución de la volatilidad macroeconómica estadounidense ocurrida a mediados de los años ochenta—, pensábamos que teníamos controlada la formulación de políticas macroeconómicas.
La gestión de la demanda estaba en manos de tecnócratas en bancos centrales independientes, en tanto que la política fiscal se centraba en temas de largo plazo. Sin embargo, resulta que ante shocks fuertes y sostenidos, este sistema se desmorona.

Por un lado, los bancos centrales están restringidos por el límite inferior cero —el hecho de que las tasas de interés no pueden entrar en terreno negativo— y por la inquietud en torno al tamaño de su balance.
Por el otro, lejos de ayudar, la política fiscal no tardó en empeorar las cosas, ya que está atada de manos tanto por la asimetría entre deudores y acreedores —aquellos, obligados a recortar; estos, sin obligación de expandir— como por las desavenencias políticas internas.

A veces digo en broma que Europa y Estados Unidos están compitiendo para ver quién maneja peor la crisis actual; por ahora Europa está a la cabeza, pero no por mucho.

Sería grato pensar que se trata de problemas pasajeros, y quizás así sea. Pero ahora sabemos que la estabilidad de la Gran Moderación dependía de un aumento constante de la deuda de los hogares y de un crecimiento relativamente rápido de la población en edad activa.

Ninguno de los dos se repetirá, y no hay muchos indicios de un cambio en las políticas. Así que la insuficiencia de la demanda todavía es un problema muy grave, y daría la impresión de que se perpetuará durante mucho tiempo. Tenemos que encontrar una forma de resolver esta situación. ?

 

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