La reforma del sistema de salud y el modelo Diosificado del profesional de la Medicina – II

 

Por: Francisco Quintanilla

Asclepio era un semidiós, cuya habilidad no sólo se limitaba a curar enfermedades, sino que también llegó a tener el poder de resucitar muertos, por lo que el dios Plutón o Hades se quejó ante el Dios Zeus que lo matara, porque al estar resucitando muertos, el infierno se estaba quedando despoblado (Idem, p.1019), de hecho Zeus mata a Asclepio de un rayo, pero luego lo revive pasando de ser un semidiós a un dios.

Asclepio utilizaba un bastón donde se enrollaba una serpiente; el bastón hace referencia al compromiso del médico, que no hace de la medicina un negocio sino un compromiso humano con los necesitados de la medicina, para auxiliar a las personas que no pueden valerse por ellos mismos.

La serpiente es la que le lleva a Asclepio una planta con la cual podía curar a los enfermos o podía resucitar a un muerto.

Asclepio o Esculapio es en un principio un semidiós y posteriormente un dios, aprende a sentir y comprender el dolor humano, es decir, aprende a ser sensible ante el dolor humano; con Asclepio se descubre el valor humano de la medicina y del profesional de la medicina y de la salud, contradictoriamente hay muchos humanos, profesionales de la medina y de la salud, que su “formación” educativa profesional, los ha llevado a creer que son dioses, y que han olvida como siente un humano, sobre todo un humano que pertenece por razones históricas a los desposeídos, a los excluidos y marginados; han olvidado el dolor y la desesperanza del excluido.

Asclepio muestra el camino que se debe seguir en la relación médico paciente; Asclepio siendo un dios iba en búsqueda del enfermo, para curarlo, descendía al terreno de lo humano y de los humanos; contradictoriamente, muchos profesionales de la salud, y sobre todo muchos profesionales de la medicina, que se han creído dioses, no van donde la persona enferma que los necesita, sino que esperan que la persona enferma los busque, siempre y cuando tengan, lo que Predvechni (1985, p. 100)) denomina como “valor medio”, que en este sistema está representado por el dinero, para tener derecho al valor objeto (atención médica o medicina); sino lo tiene, aunque toque a las puertas de estos humanos médicos convertidos en dioses, no podrá acceder a esa atención que es un derecho humano fundamental.

La reforma del sistema de salud iniciada en el año 2009, exige que los profesionales de la salud y de la medicina, sean una estirpe de la cual Asclepio se sienta orgulloso, es decir, que aprendan a despojarse del delirio de grandeza y de superioridad, que pongan los pies sobre la tierra, a que aprendan a caminar hacia y junto al necesitado, que es el que puede untarlos o ungirlos de un poquito de conciencia comprometida con el dolor ajeno y que ellos no son más que humanos, que tuvieron ciertas posibilidades de estudiar una profesión que teóricamente y en la práctica es la que debería estar más comprometida con la vida humana, sin embargo, se han convertido en un estamento que se ha creído ser los elegidos de Zeus, que con los valores que la reforma en salud exigen se han sentido amenazados de perder los privilegios que hasta ahora han tenido, es por esto que se oponen a todo modelo preventivo, que los orienta a descender al terreno de los excluidos, de los marginados; temen perder el carácter de dioses.

Muchos de los valores que la reforma del sistema de salud salvadoreña exige, no son nuevos, pero si históricamente necesarios que los profesionales de la salud hagan suyos, como una forma de vida profesional y personal; no son nuevos porque como ya se vio con el dios de la medicina Asclepio, ya los practicaba; también algunos de estos valores están plasmados en el juramento hipocrático (Hipócrates, 460 – 370 a. C.), que es una especie de declaración deontológica del ejercicio de la medicina, y que obliga o que debería obligar moralmente al profesional de la medicina, de poner la medicina al servicio de todos los necesitados, sin ninguna exclusión o condición económica, social, racial, religiosa o política.

El ejercicio de la medicina, según este juramento hipocrático que hacen los médicos y que los autoriza y compromete humanamente para ejercerla, debe estar consagrada al servicio de la humanidad, con conciencia y dignidad y que la salud de los pacientes es el objetivo básico de su quehacer, jamás dice este juramento que debe hacerse de la salud mediante la curación o mediante la prevención, una mercancía; exige al profesional de la medicina, poner en práctica un tipo de relación humanista y no técnica con el paciente.

Pero la historia lamentablemente ha demostrado, que muchos médicos y profesionales de la salud, han hecho de este juramento una especie de discurso sofista, repetido mecánicamente como un brillante poema de amor; algunos profesionales de la salud, muy pocos, para mal de la humanidad, han dignificado con su práctica este juramento, la mayoría lo ha prostituido.

Se puede detectar entonces, que la diosificación, no de la profesión de la medicina, sino del profesional de la medicina y de la salud, no es un problema genético, sino un problema histórico – educativo, que pasa por la educación familiar, la educación escolar que va desde el kínder hasta llegar a la facultad de medicina de las distintas universidades públicas, y sobre todo privadas, todo esto condicionado por los interés de clase social.

Entonces, es válido preguntarse a estas alturas ¿es posible construir, impulsar y desarrollar una transformación del sistema de salud como la que impulsa la Ministra de salud, Dra. María Isabel Rodríguez, sin haber impulsado una transformación radical de los pensum de medicina, cuando con estos se “forman profesionales con “valores” profesionales y personales opuestos a lo que dicha reforma exige?, a un más ¿es posible lograr dicha transformación sin tocarle las entrañas a la estructura económica de esta sociedad que continua siendo injusta?

Ya la Dra. Rodríguez da pistas en el documento que sustenta su ingente esfuerzo por impulsar dicha transformación, al sopesar lo plateado por el Presidente Funes, sostiene que la salud “…. es la resultante de una interacción dinámica de determinantes socioeconómicos, políticos, biológicos, culturales, demográficos y ambientales” (pp. 10-11). Es decir, la salud, como la enfermedad que son dos fenómenos de un mismo proceso, no pueden entenderse, única y exclusivamente como un problema biológico, tanto sus causas como sus consecuencias tiene múltiples determinantes que van desde lo biológico hasta llegar a lo económico y político, pasando por los interés de clase social; como ya se dijo, hasta la salud y la enfermedad están distribuidas en forma no equitativa, la salud ha sido hasta ahora en países empobrecidos como El Salvador, un privilegio de la oligarquía y de los acomodados, y la enfermedad una maldición de las mayorías empobrecidas, que no han contado con los recursos para acceder a la salud, ni con las condiciones para vivir saludablemente, basta con ver los datos anuales sobre la mortalidad, donde cientos de empobrecidos se mueren de enfermedades curables.

Gobiernos como el que está finalizando o como el que está por comenzar, son sólo pasos o etapas de transición hacia una sociedad con justicia social; son sólo gobiernos de transición, donde sólo con mucho esfuerzo se crean o se pueden crear las condiciones mínimas para avanzar a una sociedad realmente justa y humana, lo cual supone que si no hay cambios radicales de la estructura económica que continua siendo injusta, y si tampoco se impulsan cambios radicales de todo el sistema educativo en general, y de los pensum de la formación de los profesionales de la medicina y de la salud, de tal forma que produzca un sisma, que haga que los que hasta ahora se han creído dioses, sean destronados y desplomados del Olimpo, y comiencen a aceptar ser concientizados por los mortales excluidos y desheredados de las bondades a que tienen derecho, jamás, ninguna reforma de la salud producirá los frutos, que la Dra. Rodríguez y otros como ella, han deseado y luchado porque se produzcan en el sistema de salud de El Salvador y en otros países del mundo.

Continuará….

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1 comment for “La reforma del sistema de salud y el modelo Diosificado del profesional de la Medicina – II

  1. raul fuentes
    30/04/2014 at 2:28 pm

    La terapia médica y de salud en general no debe ser una prerrogativa de unos pocos sino un derecho de todos. El problema se da cuando en unas sociedades tan excluyentes como las nuestras se da prioridad a los servicios que rinden ganancias, es decir a su mercantilización. Entoces la salud se convierte en una mercancia que degrada la dignidad del ser humano. Con esto no se quiere decir que el país no hayan buenos y nobles médicos; que en el sistema privado de salud por lo inaccesible los vuelven onerosos y elitistas. Pero no todo es alienación y egoismo, si bien hay ciertos médcos que estudian esa carrera para lucrarse, asi los hay quienes lo hacen por vocación. En realidad SI, la reforma de salud es necesaria. Y este es un sendero díficil por el que tarde o temprano tenemos que transitar para tener una población saludable (lo cual es un derecho inalienable).

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