La psicología de la liberación: una deuda pendiente. Parte 2

Por: Francisco Quintanilla

El primer camino ir de la teoría a la realidad, ha supuesto que en el caso de la psicología no se ha producido teoría, es decir, teoría que se origine del enfrentamiento y cuestionamiento de las realidades latinoamericanas, centroamericanas y salvadoreñas, sino lo que se ha hecho es asimilar acríticamente unas teorías como también rechazar acríticamente otras teorías porque proceden de un país o de otro con una concepción ideológica similar o distinta a la persona o institución que la asimila o la rechaza.

En la asimilación acrítica de teorías que proceden de otros países, de otras culturas, y en momentos históricos distintos de los países latinoamericanos, con frecuencia se comete el error decía Baró (1998) del mimetismo  cientísta o teórico, es decir, el creer que alguien está actualizado teóricamente sólo por el hecho de asimilar la teoría que esté de moda en Europa, en Estados Unidos o en Rusia. Por supuesto esta asimilación  como su aplicación a las realidades latinoamericanas es acrítica, forzada, ajustan a la fuerza las realidades latinoamericanas a la teoría.

El que comete este error del mimetismo teórico, no cae en la cuenta que en la medida que asimile no sólo acríticamente cualquier teoría procedente de otras latitudes, sino que además no produzca teoría partiendo de las realidades propias, siempre estará desactualizado, porque no será capaz de explicar las realidades latinoamericanas propias que le circundan.

En este sentido, sostenía Martín Baró que no se trata de desechar una teoría ni de aceptarla acríticamente, sino que es válido asimilarla o rechazarla críticamente y creativamente. Por su puesto, que esta criticidad aceptadora o rechazadora de una o varias teorías se desarrolla fundamentalmente cuando se sigue el camino de la realidad a la teoría. Con esta propuesta que no es una propuesta novedosa ni original de Martín Baró, sino que ya se puede encontrar por ejemplo en la concepción materialista dialéctica de Marx y Engels, lo que se está diciendo que es urgente y necesario producir teoría desde las realidades latinoamericanas para las realidades latinoamericanas. Sólo esta forma de producir conocimiento científico puede contribuir no sólo a explicar de una mejor forma las realidades que circundan a los latinoamericanos, sino que también encontrar las causas reales estructurales e históricas productoras de la injusticia social, de la corrupción y acondicionadora dinámicamente de la subjetividad de los latinoamericanos, los centroamericanos y los salvadoreños.

De hecho como se sabe ningún conocimiento parte de cero, siempre parte de los conocimientos que se han producido hasta en un momento determinado, todo conocimiento nuevo se ha fundamentado en el conocimiento existente, pero esto no supone asimilar acríticamente el conocimiento existente, sino crítica y creativamente, no sólo para ajustarlos a la realidad investigada sino que también para cuestionarlos desde esa realidad desde la cual y para la cual se produce conocimientos científicos nuevos, novedosos y comprometidos.

Baró (1998) planteó que: “A los psicólogos latinoamericanos nos hace falta un buen baño de realidad, pero de esa misma realidad que agobia y angustia a las mayorías populares” (p. 134). Por supuesto, que este baño de realidad, no supone, como se ha dicho, que la construcción de una teoría propia rechace las teorías procedentes de otras latitudes,  sino que se pueden aceptar pero críticamente, tomando como referente y punto de partida las realidades latinoamericanas, ya que como se ha dicho, ningún conocimiento o teoría parte de cero.

La formación del psicólogo y de la psicóloga bajo el formato del modelo clínico, que es el que predomina en muchas, por no decir en casi todas las universidades latinoamericanas donde se imparte dicha carrera profesional, los induce y conduce tal modelo a evitar y evadir ese baño de realidad, de la realidad nacional, más bien los “orienta” a inventar en el seno de la imaginación realidades inexistentes, realdades que derivan de las teorías importadas y asimiladas acríticamente o que derivan de los más profundo de la subjetividad propias del psicólogo o de los “pacientes” que atienden.

La construcción de una teoría para el caso psicológica al ubicarse desde la situación de las mayorías populares y recibir ese baño de realidad al que hace referencia Baró, se exige así misma ser libre y liberadora, contrario a la teoría psicológica que se ha ubicado desde la perspectiva de las minorías enriquecidas, que es no sólo una psicología elitista, sino una psicología  esclava y esclavizadora, ocultadora de la verdad estructural, es ideologizadora.

La ciencia psicológica, en este sentido puede desempeñar el papel de esclavizadora o de liberadora de las mayorías populares, depende desde dónde se ubique su producción y para qué o para quiénes se produzca, o como diría Bavilov citado en Ortiz Uribe y García (2008): “La ciencia es una potente arma de dos filos que, según en las manos en que se encuentre, puede llevar la felicidad y el bienestar a las personas, o acarrearles la ruina” (p. 23). La psicología como ciencia, adquiere ese doble poder, o de liberar o de esclavizar, dependiendo de las manos en la cual se encuentre o se produzca.

La psicología con palabras de Martín Baró, se ha ubicado y continua ubicada lamentablemente desde la posición o punto de referencia de las minorías acomodadas, sigue y continua vagando como un alma sin pena, o más como una ciencia desalmada, alejada de las realidades de esas inmensas mayorías, que cada vez son más y más empobrecidas.

Este tipo de psicología desalmada, que cada vez se aleja de la realidad de esas mayorías empobrecidas, no ha logrado superar la fase chamánica, sigue cumpliendo el profesional de esta disciplina el mismo papel que los grandes chamanes cumplían, buscar las causas de los problemas espirituales en la espiritualidad misma o en fuerza ajenas a la realidad objetiva. Es muy probable, que incluso el papel de chaman lo esté desempeñando muy mal, ya que los chamanes de la antigüedad tenían mucha credibilidad ante la comunidad en la cual ejercían sus funciones, contrario a los psicólogos actuales, que gozan de poca o nula credibilidad.

Por su puesto este tipo de psicología, que se aleja de realidad es la que más entusiasma a los estudiantes que se están formando en esta disciplina porque exige menos, mucho penos pensamiento, y mucho más magia, que cuestionar y pensar creativamente la realidad real.

Desde sus bases en muchas universidades, se siguen formando profesionales de la psicología, que en la medida en que se “orienten” por el modelo intrapsíquico (chamánico) y elitista de la psicología, la psicología de la liberación continuara siendo más que una materia una deuda pendiente con las mayorías populares.

El problema de la psicología de la liberación como deuda pendiente se agrava más, porque también la psicología como reflejo de la realidad tampoco es liberadora, ya que muchos movimientos, organizaciones sociales e incluso instituciones educativas de educación superior que en el pasado más próximo lucharon por su liberación reflejando la realidad desde su psicología liberadoramente, poco a poco fueron empeñando su propia naturaleza a otros intereses de estructuras que fueron o aparentaron ser revolucionarias pero que en la actualidad muestran su auténtica naturaleza antirrevolucionaria.

Esas organizaciones o movimientos sociales fueron arrastrados o quién sabe si conscientemente vendieron su razón de ser y de existir revolucionario, siguen con su ceguera y su sordera fanática creyendo que aquella organización militar convertida en partido político continua siendo revolucionario, no se han dado cuenta, o no quieren darse cuenta que ese partido ya no es lo que dijo o en algún momento demostró que era.

Ese partido político y las organizaciones sociales que siguen creyendo ciegamente en él, dejaron de reflejar revolucionaria y por tanto liberadoramente la realidad.

Tienen estas organizaciones sociales un gran reto por delante, como es recuperar su esencia, su naturaleza histórica, su naturaleza beligerante, para cual tienen ineludiblemente que alejarse de la organización política partidaria que las arrastro y las desnaturalizó y acercarse cada vez más al pueblo sufrido, aceptando de una vez y para siempre, aunque dicho aceptar sea doloroso, que en varios países latinoamericanos como El Salvador, la izquierda dejo de ser izquierda para convertirse en un continuo galopante de la misma derecha y de toda forma de injusticia social y de corrupción que de ella deriva.

La derecha y su continuo, la falsa izquierda han sido en las últimas dos décadas y media, probablemente no sólo en El Salvador, sino que en varios países latinoamericanos una promotora de la teoría neoliberal del rebalse, que quiso hacer creer que el neoliberalismo, su funcionalidad  llevaría a su maquinaria, a su aparato productivo a producir tanta riqueza que se iba rebalsar y llegaría dicha riqueza a la mesa de todos los pobres. La realidad actual del capitalismo neoliberal demuestra que lo que se ha rebalsado por una parte, no es riqueza, sino corrupción e impunidad, y por otra, lo que ha llegado a muchos sectores del Estado y de la sociedad es la corrupción.

Redondeando lo plateado hasta ahora, tanto la psicología como ciencia y como reflejo de la realidad, de las personas, de los movimientos, de las organizaciones sociales y educativas, la liberación es una enorme deuda pendiente.

Dado que todo conocimiento es poder, el cual puede utilizarse para liberar o para esclavizar, esta deuda, se extiende también a una sociología, a una pedagogía, a una filosofía, a una literatura, a una teología de la liberación, e incluso a las ciencias naturales como la física, la química, la biología, las ciencias médicas en cuyos ámbitos la producción del conocimiento, lamentablemente la historia de la humanidad y de la ciencia demuestra que no han servido para acarrear bienestar a la humanidad, a las mayorías populares, sino empobrecimiento, destrucción, esclavitud y muerte.

 

Referencias    

1-Baró, I.M. (1998).Psicología de la liberación. San Salvador: UCA editores.

2-Gómez del Campo Estrada, J. F. (1999).Psicología Comunitaria. México: P. y V. editores.

3-Ortiz Uribe, F. G. y  García, M. del P. (2008). Metodología de la investigación, el proceso y sus técnicas. México: editorial LIMUSA.

4-Tovar Pineda, M. de los A. (2001). Psicología social comunitaria, una alternativa teórico-metodológica. México: P y V. editores.  

 

El Salvador, octubre de 2016.

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