La ofensiva del 89

Testimonio de las vivencias un joven durante la ofensiva guerrillera de 1989.

divagando

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La ofensiva del 89
@hunnapuh En 1989 yo estaba en primer año de bachillerato, y en la zona donde yo vivía, en las afueras de Ayutuxtepeque, la noche del 11 de noviembre los disparos comenzaron a sonar alrededor de las 8pm.


Desde esa casa, mirando hacia el norte, teníamos vista sin obstáculos hasta el horizonte de lo que supongo es Chalatenango y sus montañas. Saliendo de ella y yendo hacia el sur, está Mejicanos, hacia el poniente, el centro de Ayutuxtepeque. Solo tres elevaciones cercanas se distinguían en aquel entonces, desde nuestro punto de vista, las tres deshabitadas, una, que yo conocí como loma “el Mónico”, que ahora es una colonia al mejor estilo de las favelas de Brasil, llamada según Google Maps, Colonia Santa Sabina, la otra, nunca supe si tenía nombre, pero la de mayor elevación, hacia el nor-poniente, desde Ayutuxtepeque, esta colina si está habitada, y a uno de sus costados se construyó mucho después la colonia “Santísima Trinidad”. Hacia el nor-oriente, otra elevación de altitud similar a la loma del Mónico, que fue terraceada y rebajada por completo para convertirse en “Ciudad Corinto”. Entre el lugar donde yo vivía y la colina del Tanque, la del nor-poniente, corría una quebrada, hoy convertida en una zona casi marginal llamada “Condominios Tazumal”. Por esa quebrada entró el FMLN, disparando a los pocos soldados que estaban en la zona, prácticamente los agarraron con los pantalones abajo, la poca representación del ejército abandonó la zona y toda ésta quedo bajo el control del FMLN. Los combates esa noche fueron pocos, pero a lo lejos, probablemente desde la Zacamil, se escuchaban combates más nutridos.


Al amanecer del siguiente día, la radio nos dejaba saber que el ataque había sido generalizado. La radio Cuscatlán, en aquel entonces la voz del ejército, decía que los guerrilleros habían sido derrotados en la noche, e instaban a no tocar cualquier objeto que éstos hubiesen dejado atrás dado a que podía tratarse de explosivos.


Mientras el ejército cantaba victoria, el FMLN entró a nuestras casas, abrió boquetes en las paredes laterales de las casas, para usarlas como túneles donde podían ir y venir bajo techo.


Nuestra casa fue destruida casi totalmente en el terremoto de 1986, así que por esa época esa parte del boquete era la salida de ambos túneles, y desembocaba a una finca en la parte trasera, que ahora es la residencial “Los Ángeles”, pero que en aquella época eran zacatales inmensos.


Dado a que la zona fue tomada con extrema facilidad, no tuvimos mayores percances, no vimos las grandes matanzas que las imágenes posteriores mostraban en Soyapango, por ejemplo, o en la Santa Marta. Solo había que observar el toque de queda impuesto por el gobierno y todo estaba bien. Se dice que los guerrilleros no robaron nada en ninguna casa, y que incluso a los vendedores de pan, a quienes dejaban sin venta, les pagaban la totalidad del producto.


En esos días, sin nada que hacer, leí por completo el libro “El Padrino” de Mario Puzo, sin haber visto la película por aquel entonces.


Una de esas tardes, estuve entretenido viendo como una avioneta trataba de derribar la única casita que había sobre la loma “El Mónico”, que siempre había estado deshabitada. Creo que la avioneta hizo unos cuatro o cinco disparos, todos errados, antes de poder acertarle a la casita. Yo habré estado a unos 500 metros de distancia.


El día siguiente del asesinato de los jesuitas, estando yo leyendo el mencionado libro, disparos de mortero desde la distancia comenzaron a estallar a mi alrededor. Las esquirlas de uno de ellos atravesaron un refrigerador y llegaron a escasos centímetros de quitarme la vida, es decir, estoy vivo porque un refrigerador estaba en el lugar correcto, en el momento correcto. Ese mismo día, el rumor es que el ejército iba a bombardear la zona. Todos los vecinos, con banderas blancas dado a que el toque de queda ya estaba en vigencia, nos reunimos en aquellas casas que consideramos que podían resistir un bombardeo, que no eran muchas. Al final, el bombardeo no ocurrió, pero el rumor al día siguiente era el mismo. Mi madre decidió que teníamos que irnos, así que el viaje comenzó a armarse, sabiendo que no había forma de salir de ahí.


Nos fuimos un día Jueves. Dejamos la casa abandonada y caminamos hacia Ayutuxtepeque. Pasamos caminando por la Zacamil, y vimos los edificios multifamiliares carcomidos por las balas. Había fuego por aquí y por allá. Humo negro desde otros lados. Ahora que lo pienso, ese humo podría haber sido una pila de cadáveres ardiendo, quien sabe. Pasamos por el pañuelo cerca de la Universidad, y en esa plaza, había todo una armería regada en el suelo, armas de todo tipo, fusiles, lanzagranadas, ametralladoras, municiones de todo tipo, pistolas, granadas, etc. Todo tirado en el suelo y nadie alrededor. Nosotros pasamos de largo. Fue hasta la calle hacia San Antonio Abad que encontramos transporte, un camioncito lleno de banderas blancas. Nos subimos y fuimos hacia el punto de buses de la ruta 17 hacia Rosario de Mora, donde teníamos familiares. Al final llegamos y tuvimos las mejores vacaciones en mucho tiempo. Ríos caudalosos, noches completamente estrelladas, el frío de la época, lo mejor de lo mejor. Y ni un sonido de balas por ninguna parte. Creo que estuvimos una semana o dos, no recuerdo exactamente.


Cuando regresamos, nos enteramos que el ejército entró en la zona el viernes, el día siguiente que nos marchamos. También nos dimos cuenta que si bien no bombardearon la zona, si dispararon desde los aviones. El techo presentaba agujeros de bala y pude encontrar por lo menos una de esas balas, recubierta totalmente de acero y con una dureza extrema.


Un barril tenía agujero de entrada y salida de una de esas balas. Según dicen tampoco hubo mucho problema con la entrada del ejército, prácticamente la zona estaba abandonada por los guerrilleros para entonces.


Por algunos días todo fue normalidad. Pero la noche del 28 de noviembre, algo pasó que yo no entendí muy bien, y las noticias no dijeron nada al respecto. Ese día hubo combates nuevamente, y esos combates son la razón de porqué me permití detallar la geografía de los alrededores al inicio. Lo que sé, es que los guerrilleros se tomaron la loma el Mónico, y el ejército les disparaba desde alguna otra zona elevada, probablemente la loma que mencioné al nor-poniente. Nuestra casa quedaba justo en medio del fuego cruzado, y nos pasamos buena parte de la noche viendo las líneas naranja que pasaban sobre nosotros con cada ráfaga de disparos.


Al siguiente día, los combates habían terminado, y el ejército revisaba la loma y remataba a los sobrevivientes guerrilleros. Desde donde yo estaba, a unos 500 metros, veía y escuchaba los gritos. A uno de ellos, le pusieron una granada bajo el cuerpo. El salto que dio el cuerpo al estallar la granada fue evidente desde mi distancia, y aunque la explosión debió haberle matado, aún le dispararon en la cabeza, al igual que a los demás.


Eso es lo que recuerdo de aquella época, es lo que viví de nuestra guerra civil.


Me mudé de esa zona 9 años después, en 1998.

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1 comment for “La ofensiva del 89

  1. joe
    24/06/2015 at 9:34 pm

    a cuantosculeritos de estos le saque Carrera de los cerros

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