De islas, militares y buenos libros. Parte III

Terminamos con esta entrega el capítulo dedicado a la Guerra de las Islas Malvinas del libro “Stupid Wars” (Breve historia de la incompetencia Militar)

 

Comandante Alfredo Astiz

A Astiz, muy admirado en el seno de la Junta Militar por ser uno de los torturadores más eficientes de Argentina, donde se le conocía como el «ángel rubio de la muerte», se le dio el mando de docenas de soldados argentinos en la isla Georgia del Sur. Cuando los británicos asaltaron la isla, Astiz se convirtió en el ángel de la rendición. Luchó salvajemente hasta que se rindió a los británicos sin haber disparado un tiro. Después de su captura, el capitán Astiz fue separado de sus soldados y enviado a la Gran Bretaña para ser interrogado por su papel en los crímenes de la Junta Militar. Al cabo de unas pocas semanas, fue mandado de nuevo a Argentina después de que se tomase la decisión de no enjuiciarle. En 1990, Astiz fue condenado por un tribunal francés in absentia por asesinar a peligrosas monjas francesas en Argentina durante la década de 1970. En 2001, fue acusado por la ONG Human Rights Watch, cuando Argentina se negó a extraditarlo a Italia. Aún en prisión preventiva, todavía constituye una amenaza para unas islas Malvinas libres y británicas.
En aquel momento, los británicos habían perdido seis navíos importantes y aún tenían que atacar el grueso de las tropas enemigas, en su mayoría inexpertas, que protegían Port Stanley. Algunos líderes habrían sentido dudas sobre la invasión. La Dama de Hierro, no. Ella permanecía impertérrita ante los esfuerzos diplomáticos para resolver la guerra. Galtieri todavía sentía el amor de su pueblo, puesto que los miembros de la Junta Militar aún conseguían evitar que las malas noticias salieran en la prensa.
Los británicos finalmente reunieron las fuerzas para iniciar el ataque a Port Stanley, apoyado por fuego naval y de artillería.
El ejército argentino, falto de una fuerza aérea o naval suficiente para que lo evacuaran, fue rodeado, pero continuó realizando maravillas de destreza con sus Exocets y consiguió matar a trece británicos en el HMS Glamorgan lanzando un misil de casi cinco metros desde la parte trasera de un camión. También bombardeó a las tropas británicas de noche con los bombarderos ligeros Canberra de fabricación británica.
Los británicos, sin desanimarse por aquellos reveses y seguros de su legendaria habilidad para convertir desastres en clamorosas victorias insistieron en sus ataques a las colinas de la periferia de Port Stanley durante las noches del 11 y el 12 de junio.
Las batallas de Mount Harriet y Two Sisters fueron muy breves, pero de gran dureza, con disparos de artillería naval y asaltos directos que buscaban desalojar a los argentinos de sus bien defendidas posiciones detrás de los campos de minas.
La batalla de Monte Longdon fue la más sangrienta, con 23 bajas y 43 heridos británicos. Los argentinos perdieron en ella a 31 hombres y más de 100 resultaron heridos.
La siguiente noche, las dos batallas finales se libraron en las colinas que dominaban Stanley. Los defensores argentinos finalmente escaparon, pero sólo después de enfrentarse a una carga de bayonetas de los británicos. El grueso de los reclutas argentinos, casi 10.000, aún expuestos al frío y al hambre, desafió la orden de Galtieri de resistir y se rindieron en masa a los británicos el 14 de junio sin llegar a entrar en combate. Las Malvinas ya eran de nuevo británicas.


 

¿Qué sucedió después?

En Gran Bretaña, todo el mundo quería a Maggie. La victoria impulsó a la Dama de Hierro hasta nuevas cuotas de poder y popularidad. Las tropas británicas desfilaron por las calles de Londres victoriosas por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Los militares en Gran Bretaña recibieron un afecto por parte del pueblo que no se había visto en décadas. La victoria proporcionó un muy necesitado impulso de optimismo a todo el país y Thatcher consiguió ganar una gran mayoría en el Parlamento para el Partido Conservador y ostentó el cargo de primera ministra durante casi una década.
La derrota representó un duro golpe para los argentinos. Pocas noticias de la inminente derrota habían llegado hasta el público y la rendición significó un gran golpe para la psicología inflamada del país. Las mismas multitudes que habían vitoreado a Galtieri se volvieron entonces contra él.
El fracaso militar resultó ser la perdición de la Junta Militar y de Galtieri. Los argentinos sufrieron 700 bajas y 1.300
heridos en su intento de luchar en primera división. El desperdicio absurdo de vidas y la ignominiosa rendición señaló el fracaso total de la Junta de una forma que la guerra sucia no había conseguido y dio fuerzas a los intimidados ciudadanos argentinos para finalmente enfrentarse a la Junta Militar.
Las huelgas y las manifestaciones hicieron caer a Galtieri como presidente el 17 de junio, cuando sus compañeros generales no le reeligieron. Ello condujo al final de la Junta Militar y el retorno a la democracia. Se celebraron elecciones en 1983. Finalmente Galtieri fue juzgado por su papel en los crímenes de la Junta Militar y enviado a prisión en 1986. Murió en 2003.
En cuanto a los habitantes de las Malvinas, sus rocosas islas finalmente se convirtieron en una atracción turística para los ciudadanos británicos que estaban dispuestos a viajar a los confines de la Tierra para degustar un poco de efímera gloria. En 1983, a los habitantes de las Malvinas se les otorgó la ciudadanía británica completa y desde entonces no se han vuelto a producir discusiones serias entre Argentina y Gran Bretaña sobre la soberanía de las islas. Una gran guarnición protege las islas de cualquier otro brote de chovinismo argentino.

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