Apuntes a partir de La invención del Tercer Mundo, de Arturo Escobar.

Apuntes a partir de La invención del Tercer Mundo, de Arturo Escobar

por joseleon71 sábado, 01. may, 2010
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lainvenciondel3ermundo Arturo Escobar (2007) La invención del Tercer Mundo. Editorial El Perro y la Rana. Caracas, Venezuela
Apuntes a partir de La invención del Tercer Mundo, de Arturo Escobar
«…la teoría no surge en un momento histórico cualquiera; nace cuando es posible y necesario, cuando se han derrumbado las bases tradicionales de una práctica social o intelectual y necesita nuevas formas de legitimación.»

Terry Eagleton. La función de la crítica

«Yunus no había leído a Freire, pero me reveló que cuando escuchaba la palabra concienciación lo que le venía a la cabeza era: «Blablabla». Mientras me lo contaba, levantó la mano izquierda e imitó un bostezo»
David Bornstein, El precio de un sueño

«Lindo crear miseria y luego abrazar mendigos»

Graffiti en una pared de Quito

Es probable que no tengamos –profesional y académicamente hablando, por no decir en nuestra conformación simbólica y en nuestros imaginarios- nada más arraigado que el concepto de «pobreza». Lo que no sabíamos, y estamos hoy tratando de saber con el esfuerzo que implica despertar del sueño del desarrollo; lo que no habíamos podido ver objetivado, en concreto, es que el concepto corresponde a una construcción histórica, que es posible datarlo, conocer su genealogía, su decurso y derivación. El asunto no es de poca monta si consideramos que nuestra formación profesional, que los conceptos, nociones, estrategias, que nos acompañaron en nuestra carrera profesional y académica, estuvieron inscritos, refrendados, avalados, normativizados por el discurso de la «pobreza» y el «desarrollo». Estudiamos, sin lugar a dudas, para salir de la pobreza. Lo que empezamos a saber con el libro de Arturo Escobar es que la pobreza «a escala global fue un descubrimiento del período posterior a la segunda guerra mundial» .
Nace cuando la potencia que emergerá hegemónica tras la segunda guerra mundial necesite desplegar dos vastos procesos de racionalización del mundo: el Plan Marshall para la reconstrucción de la Europa arrasada por la guerra, y la invención del Tercer Mundo. El primero consistió en un plan de inversiones capitalizado por EEUU; el segundo, en la «transformación de los pobres en asistidos». Para lograrlo, es preciso minusvaler, infantilizar, subdesarrollizar a los «pobres». Desde entonces, el llamado Primer Mundo, blanco, europeo, civilizado, extenderá una «política de la pobreza» con la intención no sólo de crear consumidores sino «transformar la sociedad, convirtiendo a los pobres en objeto de conocimiento y administración» (p. 48). Es así como los tercermundistas comenzarán a revestirse de los siguientes rasgos (mencionaré los más acusados): movilidad, vagancia, promiscuidad, ignorancia y resistencia a «aceptar los deberes sociales, a trabajar y a someterse a la lógica de la expansión de las `necesidades’» (p. 48). Hecha esta caracterización, quedaba expedito el camino para la intervención racional de los agentes del orden provenientes del Primer Mundo en las áreas de educación, salud, higiene, moralidad, empleo, enseñanza de buenos hábitos de asociación, ahorro, crianza de los hijos, etc. Aparece, según Escobar, «lo social» .
Lo social entonces será un «campo de conocimiento e intervención» (p. 48) Un campo de guerra además, porque desde entonces los «desarrollistas» desplegarán una serie de «ataques» sobre los sectores salud, vivienda, alimentación, productividad. La retórica de las ‘mejoras’ en el difícil pero esperanzador camino al desarrollo, vendrá a encubrir un impulso ‘mesiánico’, ‘salvacionista’, ‘redentor’ y ‘redimidor’, operaciones religiosas pero sobre todo míticas, sin lugar a dudas con un impacto insondable en vastas regiones y sobre poblaciones largamente intervenidas por el discurso y las prácticas del catolicismo, fundamentalmente, pero hoy remozadas y vigorizadas por las ‘cristiano-evangélicas’.
Ahora bien, lo que en buena medida encubre el discurso del desarrollo y de la pobreza, es precisamente la construcción de la pobreza, retórica aparte se trata de la difusión de la economía de mercado sobre la destrucción sistemática y masiva de los lazos comunitarios y la privación a millones y millones de personas del «acceso a la tierra, al agua y a otros recursos». Como bien puntualiza Escobar: «Con la consolidación del capitalismo, la pauperización sistémica resultó inevitable»

Sobre la destrucción de las economías locales e interconectadas de la América pre-hispánica, primero, y después tras las obstinadas intervenciones militares extranjeras e imperiales en connubio con gobiernos nacionales seguidores de las políticas desarrollistas, que desde 1830 se encargarían de facilitar la penetración del variopinto discurso liberal que nos constituyó en nuestra versión tropical pero no menos europeizante de Estado-nación que tras un siglo de guerras intestinas (entre nosotros la devastadora Guerra Federal, por ejemplo, que reduciría la población venezolana a un tercio y desmantelaría cualquier indicio de soberanía e independencia agro-productiva) se definirá en la llamada etapa de modernización que ocuparía a toda la región en las décadas que van de 1870 a 1930; sobre este sistemático arrasamiento de cuales sean los rasgos identitarios que nos vinculaban a modos de economía ajustados a la feracidad de la tierra y a ritmos de producción autosuficente, se articulará el discurso de la pobreza.

En la periodización del desarrollo propuesta por Escobar, la modernización nos deja –al menos en el caso venezolano- sin infraestructuras agroproductivas y como enclave blindado de las trasnacionales del petróleo, a sólo 15 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, esto es, listos para recibir sobre un terreno virgen, sobre un territorio vacío, la acción conjunta y sistemática del progreso y el desarrollo.
En otras palabras, partir de la necesidad de desarrollo previo estatus de país pobre, es obviar la construcción de la destrucción. Así mismo, es obviar que las mismas fuerzas que operaron sobre la destrucción mutatis mutandi operan sobre la lectura posterior (amnésica e interesada, parcial y sesgada) de la pobreza. En definitiva, hablar hoy de pobreza y desarrollo, es olvidar la construcción sistemática, etnocida y genocida de la pobreza; es asumir ?y actuar en consecuencia?, el discurso y las prácticas que impone el sistema-mundo. Y lo que exige, estrictamente, es orientar lo que sea la producción latinoamericana a los mercados del Primer Mundo, pero sin duda y sobre todo orientar el consumo, a lo que hoy podemos llamar la primermundialización de los mercados, esto es, la construcción ideológica de que existe algo como los estándares de consumo de la vida civilizada y moderna, lo que nos conduce entre nosotros, entre otras muchas expresiones, a prácticas de consumo irracional que forman parte sustancial de las políticas de acumulación de capital que los centros de la economía mundial requieren para sostener y airear su precario equilibrio. Con otras palabras: el Potosí y la esclavitud de la Colonia lo constituyen, entre los rubros lícitos, las nuevas tecnologías (operaciones articuladas sobre la frase casi mántrica: «cerrar la brecha tecnológica»), el empleo basura, la explotación petrolera y minera en general; y entre los ilícitos, el narcotráfico y la prostitución. Sobre la ciencia y la tecnología, tan importantes en la discursividad que se articuló en nuestras universidades autónomas (para no hablar de las privadas) valga decir que se convirtieron en «abanderadas por excelencia de la civilización».
Veamos el Discurso en acción:
Tomado de El precio de un sueño, de David Bornstein, Editorial Debate, Caracas, Venezuela, 2006, pp. 34 – 35

Arturo Escobar En las dos últimas décadas, el Grameen Bank ha concedido créditos por valor de más de 1.500 millones de dólares, destinados a fomentar el empleo autónomo de algunas de las personas más pobres del mundo, los campesinos sin tierra de Bangladesh. La mitad de esa cantidad la ha prestado solo en los dos últimos años. Actualmente, gracias a una red que tiene más de 1.050 sucursales, el banco da créditos a más de dos millones de clientes, el 94 por ciento de los cuales son mujeres. Cada mes añade varios miles de clientes más. Y cada mes concede nuevos créditos por un monto total de entre 30 y 40 millones de dólares. El porcentaje de cancelación de préstamos es del 97 por ciento, una cifra comparable a la del Chase Manhattan Bank. «Grameem proviene del término bangladesí gram, que significa «pueblo»; para ser fiel a su nombre, el Grameen Bank opera exclusivamente en pueblos, que es una de las muchas maneras en que ha reinventado el concepto de banco; le ha dado la vuelta, por así decirlo. Otro aspecto destacado es que presta dinero principalmente a las mujeres, y en pequeñas cantidades para breves períodos de tiempo.Y una tercera particularidad es su método de cualificar a los prestatarios: para tener derecho a un préstamo, la aldeana debe demostrar que los ingresos de su familia son inferiores al límite mínimo del banco. No se le pedirá garantías subsidiarias, que presente su historial de créditos o que tenga un aval; en cambio, debe unirse a un grupo de cinco personas y a un centro de cuarenta miembros en total, además de asistir a una reunión cada semana y asumir la responsabilidad de los créditos de los otros miembros del grupo. Este último es un factor crucial, ya que es el grupo -no el banco- el que en un principio evalúa las solicitudes de crédito. Los morosos perjudican a los demás, de modo que los miembros del grupo eligen con esmero a sus compañeras. Si las cinco devuelven sus préstamos puntualmente, a cada una se le garantiza el acceso a nuevos créditos para el resto de su vida, o durante el tiempo que desee seguir siendo clienta del banco. De esta manera, Grameen hace honor a la palabra latina de la que deriva «crédito»: credere, es decir, «creer».
«El mito de que el crédito es un privilegio de unos cuantos afortunados debe analizarse -explica Muhammad Yunus, fundador -el Grame Bank-. Fíjate en el pueblo más diminuto y en la persona más insignificante que viva allí: una persona muy capaz, una persona muy inteligente. Solo tienes que crear el entorno adecuado para ayudar a que esas personas transformen su vida.»
¿Puro idealismo? Bueno, sí. Sin embargo, estas palabras las pronunció un hombre que ha diseñado un banco que fuerza a sus prestatarios a ahorrar dinero para emergencias, les facilita un subsidio en caso de fallecimiento, y está a punto de inaugurar un programa local de servicios sanitarios y seguros totalmente financiado con fondos propios. A día de hoy, con el telón de fondo de dos décadas y media de ayuda internacional malgastada en muchas ocasiones, el carácter emprendedor del Grameen destaca como una iniciativa especialmente efectiva y sostenible. Hasta 1994, el banco había hecho girar su capital más de cinco veces en empréstitos. A lo largo de este proceso, millones de aldeanos pasaron de comer una o dos veces al día a tres, de tener uno o dos conjuntos de ropa a tener tres o cuatro. Los miembros del Grameen Bank han pedido dinero prestado para costear la educación de sus hijos, comprar medicamentos, construir casas, ahorrar algo para la vejez, y, como en el caso de Oirashi, pagar las bodas de sus hijas.

¿Qué tenemos?


1. Sistema de créditos ‘para generar empleo autónomo’

2. Las personas más pobres del mundo: ‘los campesinos sin tierra de Bangladesh’

3. El Banco del Pueblo presta dinero principalmente a las mujeres

Acaso en la siguiente frase tengamos una buena síntesis: «Para una mujer pobre, su casa es también su lugar de trabajo. Su fábrica» (Bornestein, 2006:201).
Este tipo de esperanza no podemos pensarla fuera del marco del subdesarrollo y, en un marco más general, en el del Desarrollo, como enfoque de «arriba abajo», «etnocéntrico y tecnocrático» que trata «a la gente y a las culturas como conceptos abstractos, como cifras estadísticas» que se pueden mover de un lado a otro «en las gráficas del progreso». La esperanza yuniana de los bancos del pueblo está pues, articulada al modelo de desarrollo capitalista, y su aparente felicidad es la que ofrece un sistema violento y estructuralmente racista, que busca extender su racionalidad, su control sobre las mentes y los cuerpos, la instrumentalización de minuciosos sistemas de administración y control hasta el punto de hacernos pensar que la estrategia general de la dominación ya no tiene estrategas. La extensión de los bancos del pueblo, de los microcréditos (que hace creíble, creditable, un sistema financiero y por tanto justifica las operaciones también bancarias de los bancos quebrados, los paraísos fiscales, las burbujas financieras, etc.), de la empleabilidad de los más débiles (mujeres y niños), es la más acabada estrategia (santificada por el Nobel, como recordarán) del sistema post-industrial actual que se mueve entre las maquilas y las fábricas familiares articuladas a las ZPE (Zonas de Producción para la Exportación).

Que el sistema de microcréditos funcione, no significa otra cosa que la consolidación de una nueva estrategia en el marco más general del desarrollo capitalista. Significa que el discurso de la pobreza «conoció, definió e intervino» a los pobres, que produjo un remozado régimen de verdades y normas, que extendió su red de poder y vinculó a la gente y a las comunidades «a ciclos específicos de producción económica y cultural» (Escobar, 87), que demostró que es posible hibridar lenguas, costumbres, cosmovisiones globales con la lengua del desarrollo, que se ha cumplido satisfactoriamente con la instituiconalización del sistema mercado, que los individuos fueron drásticamente transformados (y además están felices), que sus cuerpos se han hecho dóciles, dúctiles, flexibles, que se han normalizado. ¿Haría falta algo más?
Levántate y anda (la pobreza vuelve a estar de moda)

Por
Gorka Andraka
Publicado en Rebelión

La pobreza vuelve a estar de moda. Hasta hace bien poco lo más socorrido, y bien visto, era sentar un pobre a nuestra mesa. Aunque fuera de Pascuas a Ramos. Hoy la oferta de buenas acciones es tan amplia, y tan barata, que muy pronto no habrá pobres para todos. De seguir así, llegará un día en que tengamos que rifarnos los desnutridos negritos del África tropical.
“¡Quieres ser mejor persona! ¡Un buen samaritano! ¡Gratis! Un sencillo gesto, levantar el culo, y tu vida volverá a tener sentido”. Entre el domingo y el lunes pasados, en apenas 24 horas, y en más de 11.000 eventos celebrados en 87 países, 23.5 millones de personas se pusieron en pié para pedir a los líderes mundiales que cumplan los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (el primero es erradicar la pobreza extrema y el hambre en 2015). “Levántate contra la pobreza”, una iniciativa de la Campaña del Milenio de la ONU, alcanzaba el Récord Guinness.

“Juntos hemos logrado establecer un récord increíble con el mayor número de personas que se han levantado para pedir medidas contra la pobreza. Pero lo que realmente nos gustaría es eliminar el récord mundial de promesas rotas y de olvido hacia los más pobres. No queremos seguir presenciando el récord de gente muriéndose de hambre cada año”, declaraba en Londres Eveline Herfkens, coordinadora de la Campaña del Milenio. Nacía la solidaridad Guinness, récord absoluto de sinvergonzonería.
La lista de los más “movidos” de la Unión Europea la encabezó el Estado español, con 360.000 “alzados”. Varios actos de calle en Madrid, Barcelona y Zaragoza, más de 350 escuelas “en pié”, cientos de instituciones públicas y privadas y la participación de los aficionados en ocho partidos de la Liga de Fútbol y en cuatro de la de Baloncesto lograron que el “levantamiento” fuera todo un éxito. Para próximas convocatorias ya hay quien ha propuesto lanzar un 2 x 1 humanitario: “Levántate contra la pobreza y de paso haz la ola… por tu equipo, por los indios, por las ballenas…”. Seguro que vuelven a batirse todas las marcas.
Los pobres están de moda. Angelina Jolie decide parir en Namibia. Madonna y su marido, Guy Ritchie, adoptan en Malawi a David Banda, un niño de 13 meses huérfano de madre. El hombre más rico del mundo, Bill Gates, recibe en Asturias el premio al Cooperante Internacional del Año. Muhammad Yunus, “el banquero de los pobres”, es elegido Premio Nobel de la Paz por su tenaz lucha contra la pobreza, la más peligrosa arma de destrucción masiva.

“Lindo crear miseria para luego abrazar mendigos”. La frase apareció tatuada en una pared de Quito. Describe de manera acertadísima estos tiempos que vuelan. “Ánimo. No te rindas. Aguanta. Resiste. Vendrán días mejores”. Bonitas palabras. Como si los hambrientos pudieran merendar palabras. Solidaridad de Baja Intensidad. Gestos. Palabras. “Pobre, levántate y anda”. Es nuestra ayuda para terminar con la pobreza: Un milagro.

“Jodido mundo éste lleno de macrosolidarios pero microimbéciles”. El valenciano Paco Inclán recogió en un crudo y valiente libro, “La solidaridad no era esto”, las reflexiones surgidas de sus vivencias con los niños de la calle de Tegucigalpa. “Ante tanto cachondeo, hipocresía y egoísmo ha surgido otra actitud que reacciona contra las anteriormente indicadas: A un pobre no le des un pez, déjalo en paz”. Peor no va a estar.«…la teoría no surge en un momento histórico cualquiera; nace cuando es posible y necesario, cuando se han derrumbado las bases tradicionales de una práctica social o intelectual y necesita nuevas formas de legitimación.»

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