A veinte años de la firma de los Acuerdos de Chapultepec

El vigésimo aniversario de la firma de los Acuerdos de Chapultepec es el tema de este mes en los medios de comunicación. Nadie duda la trascendental importancia para el país que estos significaron y como a partir de esta firma El Salvador entró a otra fase de su historia. Como ya lo he señalado en otros comentarios, el Acuerdo de Chapultepec sentó la base para la más importante reforma política del país que formalizó la democracia y abrió nuevos espacios de participación ciudadana.

Poco se ha hablado de las verdaderas razones que movieron a los actores de la firma de los acuerdos. Tanto la dirigencia del FMLN como la derecha en sus variadas vertientes estaban convencidos que la guerra no tenía futuro y que finalizarla era lo mejor. Por una parte el FMLN veía como el mundo socialista se derrumbaba, con ello perdían un importante soporte, además del efecto desmoralizador que tendría en su base. Para la derecha la guerra había dejado de ser un negocio y la ayuda estadounidense se volvía incierta.

Pero para esta última, lo más importante fue que no era posible la implementación del modelo neo liberal en medio de un conflicto militar. El desmontaje del aparato estatal para dejar libres las fuerzas del mercado no era posible en medio de un conflicto militar interno que les obligaba a mantener un Estado fuerte. Además era riesgoso enfrentar el costo social que estas medidas conllevarían en medio de una guerra.

Estos elementos limitaron el acuerdo de paz a lo estrictamente político. Sin restar importancia a estos cambios, al dejar por fuera lo socio económico, faltó una pieza esencial que había sido causal de la confrontación e incidiría con fuerza en el futuro que ahora, veinte años después, nos toca que vivir.

El FMLN se había quedado sin proyecto socio económico. La caída del campo socialista era la constatación evidente que el modelo que propugnaron en los ochenta era inviable. Además el alejamiento de las fuerzas democráticas con las que se habían aliado durante la guerra y que les proveían de una fuerza teórica e intelectual afianzaba ese vacío. En la etapa decisiva el FMLN había enfrentado solo el proceso de negociación, la exclusión del sector democrático, aparentemente les facilitaba las cosas pero generaba vacíos que se reflejarían en el Acuerdo de Chapultepec.

La derecha representada en el primer gobierno del partido ARENA, estaba interesada en que la temática económica y social quedara excluida del texto del acuerdo. Sus intensiones de privatización y de reducir el rol del Estado en la economía no era posible negociarlas con el FMLN. Hacerlo además, sería amarrar sus intensiones y retrasar un proceso que tenían urgencia en iniciar.

Pero ambos coincidían en la necesidad de la reforma política. Para el FMLN esta era la base para su reincorporación a la vida legal y política del país. Para la derecha era clave un Estado de Derecho formal que le diera sustento a su política neoliberal. Esta fue una gran coincidencia que facilitó las cosas (sin negar lo complejo del proceso en su conjunto). Pero que además, garantizó que el proceso de cumplimiento fuese exitoso en la temática política.

Esta también es la explicación de fondo del fracaso del Foro de Concertación Económico Social que estableció el acuerdo de Chapultepec. La derecha ya había negociado lo que convenía a sus intereses. El FMLN y las fuerzas sociales no tenían la correlación para lograr acuerdos en ese campo. Al final la iniciativa quedó en el olvido.

Veinte años después, la reforma política se ha vuelto insuficiente. Además, esta se petrificó y no ha sido capaz de evolucionar acorde a las nuevas necesidades del mundo actual. El déficit en la economía y en lo social, que ya era grave en 1992, ahora se ha profundizado. La grave situación de violencia que vivimos tiene en buena medida su origen en los déficits de los acuerdos de paz. Esta es la base que abre de nuevo el debate sobre la necesidad de un nuevo acuerdo de paz, o de nación, o de segunda generación.

Pero no debemos de cometer otra vez el mismo error. Un nuevo acuerdo de nación no debe abarcar únicamente lo político o lo relativo a la democracia formal y nuevas formas de representación ciudadana. También es vital que incorpore la temática económico-social. Definir un modelo integral de nación es urgente no solo para enfrentar los graves problemas del presente, sino también para enrumbar el futuro del país.

Ayutuxtepeque, martes, 17 de enero de 2012.

 

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