La concepción original de “ciudadano” se refería a un hombre lo suficientemente solvente como para comprar armas, obteniendo así el “privilegio” de defender la polis. Desde la acotación del término “estado” pasaron siglos antes de permitirse el voto, o siquiera la incidencia directa en quehacer académico alguno, a las mujeres. Es, por tanto, previsible...
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